Archive for the ‘cine clasico’ Category

Alain Resnais filma su funeral. Y sonríe!

julio 20, 2014

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Por René Naranjo Sotomayor

El Cine UC estrenó en Chile su última película, ‘Amar, beber y cantar’, filmada por Resnais a los 91 años de edad. Es la despedida a una carrera extraordinaria de seis décadas, en las que el cineasta francés dirigió películas tan influyentes como ‘Noche y niebla’, ‘Hiroshima mon amour’, ‘El año pasado en Marienbad’, ‘Muriel’, ‘La guerra ha terminado’ y ‘Las hierbas salvajes’.

En ‘Amar, beber y cantar’, Alain Resnais filmó su despedida. Más aún, instalado tras la cámara a los 91 años, el inimitable y elegante cineasta francés filmó, literalmente, su propio funeral.
Dicho así, este dato puede sonar un poco lúgubre. Sin embargo, Resnais, acorde a la línea que desarrolló en sus largometrajes posteriores a ‘Mi tío de América’ (1980), pone en escena su despedida de este mundo de una forma teatral y amable, no exenta de un sutil humor e incluso, un toque de picardía.
Ese es el espíritu que recorre su último filme, ‘Amar, beber y cantar’, cuyo título está tomado de una antigua canción popularizada por Charles Boyer, que superponía este texto dionisiaco a la melodía de un conocido vals de Strauss.
En la película, seis personajes agrupados en tres parejas (encabezados por Sabime Azéma y André Dussollier, habituales colaboradores de Resnais) habitan una Inglaterra de estudio, con locaciones dibujadas por un caricaturista y con exteriores y decorados completamente teatrales. Son seis personajes maduros, que, como en la ópera ‘Cosi fan tutte’, de Mozart, o en una comedia de Marivaux (es decir, en claves de dramaturgia que se fundan en el siglo XVIII) coquetean, gozan, fantasean y sufren por los caprichos del amor. En particular, desde que Kathryn (Azéma) se entera que su ex novio y amigo de toda la vida George Riley tiene cáncer terminal y sólo sobrevivirá seis meses más.
Esa noticia inesperada es el gatillante de la ficción, que, como en el anterior filme de Resnais, ‘Vous n’avez encore rien vu’ (2012), se combina con un explícito dispositivo teatral. Dentro del filme, los protagonistas de ‘Amar, beber y cantar’ participan en una obra de teatro, que nunca vemos en escena, así como tampoco vemos nunca a George, que en esos días postreros de su existencia también se suma a ese montaje teatral.
Cuál es el verdadero teatro? Dónde se juega verdaderamente la vida? La verdad artística se esconde en artificio del cine, en la verdad del teatro o en la fusión misteriosa e indisoluble de ambos? Eso parece preguntarnos Resnais mientras vemos a los personajes decir sus elaborados textos -entre los que no faltan deliberadamente ciertos verbos y expresiones fuera de uso- arropados por delicados movimientos de cámara y una dirección de arte formidable, obra de Jacques Saulnier, su colaborador desde ‘El año pasado en Marienbad’ (1961).

Resnais construyó una familia en el cine, y es por esta vía que su película final adquiere un inesperado carácter personal. Décimo filme realizado junto a su pareja, la actriz Sabine Azéma, desde ‘La vida es una novela’ (1983), ‘Amar, beber y cantar’ reúne a una troupe de amigos del cineasta, donde la única debutante es Sandrine Kiberlain, que interpreta a Mónica, la separada esposa ‘oficial’ de George. Mónica vive ahora junto a un hombre mucho mayor (encarnado por Dussollier), en un claro guiño a la propia vida de Resnais, tendencia que, con un guiño de ojo, se prolongará en el breve amorío que, fuera de cuadro, sostendrán el esquivo George con la adolescente hija de una de las parejas protagónicas del filme.
En la última escena de ‘Amar, beber y cantar’, todos alrededor de un ataúd, dicen adiós a un hombre muy querido que no hemos visto en pantalla pero cuya presencia ha sido advertida y comentada por todos los personajes.
Es la despedida metafórica del propio Resnais, que, desde el más allá del off cinematográfico, dirige con una sonrisa cómplice. Es el adiós amable y reconciliado de un maestro.

Consejos del maestro Alexander Mackendrick a los jovenes cineastas

septiembre 8, 2012

Les recomiendo leer este texto y reflexionar sobre su contenido (en inglés)

http://www.thestickingplace.com/books/books/alexander-mackendrick/extracts/slogans-for-the-screenwriters-wall/

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Vértigo: Cayendo al vacío

agosto 4, 2012

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Foto: La pasión según Hitchcock: el primer beso entre Scottie y su idealizada Madeleine.

Continuando con la más loable iniciativa cinéfila de 1990, el cine-arte Normandie y la distribuidora UIP reestrenan en Santiago _en una excelente copia_ la obra máxima de Alfred Hitchcock y una de las mejores películas jamás filmadas.

Todo crítico de cine tiene, en algún lugar más o menos escondido de su corazón, un Olimpo personal, un rincón donde guarda con devoción aquellas películas que, por variadas y no siempre explicables razones, han adquirido para él rango de verdadera divinidad. Para quien escribe estas líneas, ese Olimpo (formado por filmes de Charles Laughton, Sirk, Capra, Lang, Kazan, Rossellini, Nicholas Ray, Murnau, Griffith, Godard, Renoir y Welles, entre otros) tiene reservado el sitial de Zeus para Alfred Hitchcock.
De la vasta producción de este cineasta inglés atormentado, para el que la existencia fue siempre una cárcel, “Vértigo” me parece su hito máximo. Si “Tuyo es mi corazón” (Notorious, 1946), “La ventana indiscreta” (1954) e incluso “La soga” (1948) poseen quizás un guión más exacto y una realización desprovista de cualquier ripio, ninguna de ellas supera a “Vértigo” en intensidad, ideas y complejidad emocional.
El filme se abre con la imagen de un rostro femenino sobre el que se imprimen los créditos al ritmo de la extraordinaria y embrujante música de Bernard Herrmann. Allí, en esa máscara fantasmal que mueve los ojos, está resumido el enigma de la película. Cuando la cámara se detiene y se interna por uno de estos ojos inquietos hacia la oscuridad de la conciencia, Hitchcock _a través de los dibujos de Saul Bass_ nos revela la otra gran clave de su película: la espiral, forma geométrica que, casi imperceptiblemente, cubre todo el desarrollo de la acción.
La espiral está encarnada en el bien armado moño de Madeleine Elster (Kim Novak), una bella rubia que, según cree su marido, está poseída por el fantasma de Carlotta Valdés, una aristocrática dama de San Francisco que se volvió loca y se suicidó en el siglo pasado. Ante el peligro de que Madeleine corra la misma suerte de Carlotta, su marido, Gavin (Tom Helmore), solicita los servicios de Scottie (James Stewart), un detective que se ha retirado debido a que sufre de vértigo. El terror a las alturas y al vacío que aqueja a Scottie no es sólo físico. También tiene contornos de parálisis sicoanalítica, pues fue causado por la muerte de un policía amigo que intentó salvarle la vida en una redada por los tejados (en lo que es la escena más brutal con la que Hitchcock inició una de sus películas).
Planteados estos conflictos, Hitchcock va construyendo un denso tejido cinematográfico. A cada minuto que Scottie sigue a Madeleine en su errático vagabundeo, en cada nueva curva de las calles de San Francisco, el filme avanza un paso más en los laberínticos terrenos de lo fantástico y lo metafísico. Como si quedara atrapado entre los pliegues de una ensoñación, Scottie deja pasar los días contemplando a una Madeleine glacial y distante, que más bien parece una pintura y que va a grabarse para siempre en su mente como la imagen de la mujer amada.
En estas largas y silenciosas persecuciones, Hitchcock conduce a sus personajes por el viejo San Francisco, por el museo y el cementerio, en un recorrido que constituye un virtual viaje al pasado. Sí, porque en “Vértigo” _a diferencia de cualquier otra cinta de suspenso_ el protagonista no va hacia adelante sino hacia atrás. Scottie investiga quién fue Carlotta Valdés, cómo vivió y cómo murió, y en esa medida va retrocediendo en la vida misma de la ciudad hasta llegar a la misión española ubicada en las afueras.
Pocas veces un filme condensó de manera tan brillante el espacio físico y el mental, el tiempo cronológico y el ficticio. Admirable es, en este sentido, la escena en que Madeleine y Scottie pasean por un bosque de coníferas milenarias y Madeleine, hablando como si fuera Carlotta, ubica su extinta vida en el tronco cortado de una sequoia.
En el plano narrativo, Hitchcock se da el gusto de entregar la solución de la intrincada intriga policial del filme media hora antes del final, en una escena que deslumbra por su síntesis y que demuestra que si el director eligió una forma elíptica para contar esta historia no fue porque no pudiera narrarla de forma lineal. En cierto modo, ese momento en que Judy (Kim Novak, ahora de pelo oscuro) escribe una carta de confesión a Scottie en esa habitación con espejo y sin cuarta pared, es el punto final del cine clásico y el de la total consolidación del cine contemporáneo. El crimen perfecto cristaliza por primera y única vez en Hitchcock, la intriga se desvanece y este filme dominado por la espiral recomienza, con Scottie tratando de revivir, incluso con crueldad, a su perdida Madeleine.
Lo que queda por aclarar en la media hora final de “Vértigo” sólo tiene existencia _como Madeleine_ en el nivel de las ideas. Y ahí están Scottie y Judy, culpables a pesar suyo, sin otra posibilidad que repetir lo que ya vivieron, obligados a retornar una vez más al pasado, a esa misión española que es el eje de este filme arquitectónico y que tan bien conjuga todos sus temas.
Empujados a la tragedia por la maquinación del diabólico Gavin Elster, Scottie y Judy buscan la redención en el elevado campanario, cerca del cielo. Sin embargo, y por sobre la superación del trauma del vértigo del héroe, para estos amantes condenados no habrá más que la persistencia del fantasma y el ruego tardío de una monja _y del mismo Hitchcock_ que clama a Dios misericordia ante el advenimiento de lo inevitable: el vacío.

VERTIGO (Vertigo). Estados Unidos, color, 1958. Dirección: Alfred Hitchcock. Guión: Alec Coppel y Samuel Taylor, basado en la novela “De entre los muertos” de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Fotografía: Robert Burks. Decorados: Hal Pereira. Música: Bernard Herrmann. Montaje: George Tomasini. Vestuario: Edith Head. Intérpretes: James Stewart, Kim Novak, Barbara Bel Geddes, Henry Jones, Tom Helmore, Raymond Bailey, Ellen Corby, Lee Patrick. Duración: 128 minutos. Mayores de 14.

René Naranjo Sotomayor

Santiago de Chile, Viernes 20 de Julio de 1990
Wikén, El MERCURIO, pp. 16-17

‘The Ring’ ( 1927), de Hitchcock, recupera su pegada

mayo 11, 2012

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Una imagen de ‘The Ring’, película que Alfred Hitchcock escribió y dirigió en 1927, y cuya copia restaurada por el British Film Institute estrenará el Festival de Cannes 2012 en su sección Cannes Clasics.