Archive for the ‘Hollywood’ Category

‘Neruda’ y ‘Aquí no ha pasado nada’ rumbo al Oscar y al Goya: comenta René Naranjo 

septiembre 22, 2016

En este podcast, René Naranjo comenta las nominaciones de las películas ‘Neruda’ y ‘Aquí no ha pasado nada’ a los premios Oscar y Goya en #SoundCloud

a través de ‘Neruda’ y ‘Aquí no ha pasado nada’ al Oscar y al Goya: comenta René Naranjo  — Toda la Cultura

Entrada soñada para Pablo Larraín en Hollywood: dirigirá la nueva versión de ‘Caracortada’

marzo 24, 2014

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por René Naranjo S.

La noticia impactó desde temprano a Hollywood y al mundo del cine latinoamericano.

El sitio web The Wrap informó que el director chileno Pablo Larraín había sido contratado por los estudios Universal para realizar la nueva versión de uno de sus títulos más populares, ‘Caracortada’ (Scarface).

The Wrap destacaba también que en Universal habían elegido a Larraín por ‘su liderazgo y visión apasionada’, y porque al venir desde fuera de Hollywood podría aportar una mirada nueva a una historia de gánsters y crimen que ha sido llevada gloriosamente a la pantalla en 1932, por el cineasta Howard Hawks, y en 1983, por Brain de Palma.

Unas horas más tarde, el periódico ‘Variety’, la ‘Biblia’ de la industria del cine estadounidense, confirmó la noticia, con todos sus detalles.

Paul Attanasio, escritor nominado al Oscar por sus excelentes guiones para ‘Quiz Show’ (1995) y ‘Donnie Brasco’ (1998) escribió la última versión del guión.

Marc Shmuger, ex presidente de Universal, será el productor, para su sello Global Produce, creado en 2011, y Marty Bregman, productor de la ya clásica ‘Caracortada’ de 1983, también será uno de los productores.

Esta nueva versión de ‘Caracortada’ conservará el corazón de la historia, con un inmigrante que asciende en el mundo del hampa, y que ya tuvo como protagonistas a Paul Muni, en la versión de 1982, y a Al Pacino, en la célebre película que dirigió Brian de Palma en 1983. El ‘Caracortada’ de Larraín estará ambientado en Los Angeles y explorará el ascenso de un immigrante mexicano en el submundo del crimen.

Pablo Larraín triunfó en el Festival de Cannes 2012 con su cuarto largometraje, ‘No’, que narraba la historia de un publicista (Gael García Bernal) encargado de realizar la campaña para oponerse al general Pinochet en el plebiscito de 1988. Desde allí, ‘No’ comenzó un exitoso recorrido por el mundo, que incluyó su estreno en una treintena de países y que convirtió a esta película en el único largometraje chileno nominada al Oscar al Mejor Filme Extranjero.

En Estados Unidos, Larraín es representado por CAA y Management 360.

 

Bond y ‘Skyfall’: De paseo a la muerte

noviembre 4, 2012

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Por René Naranjo S.

El tercer filme de James Bond protagonizado por Daniel Craig tiene aspiraciones importantes. ‘Skyfall’ no quiere ser una película más de la saga ni se contenta con ser una respetable cinta de espías. Al mando de esta contundente producción, el director británico Sam Mendes (autor de las sobrevaloradas ‘American Beauty’ y ‘Sólo por un sueño’) pretende dejar la vara alta. Más aún cuando este año el super agente cumple medio siglo de vida y cuando, luego de la taciturna ‘Quantum of Solace’, la marca necesita un relanzamiento.
Para lograr estos objetivos artísticos y comerciales, Mendes y su equipo de probados talentos (que incluye al chileno Alexander Witt, al maestro de la fotografía Roger Deakins y una magnífica dirección de arte) apuestan en ‘Skyfall’ por una película que supera la simple entretención por la vía de sumergirse en las neurosis y las fracturas emocionales de los protagonistas.
Conocedor de los códigos del teatro, Mendes busca desde el comienzo otorgarle a Bond y a Madre (la gran Judi Dench) una dimensión sicológica que va mucho más allá de lo habitual y los pone en tensión desde la cautivante persecución de obertura en Estambul. El juego que ambos juegan es de vida o muerte y así lo hace sentir el director, enfatizando justamente en esa secuencia la posibilidad de que el mismo Bond pueda perecer.
Mendes quiere imponer un sello autoral a la película, y con ese fin se apoya en su indudable sentido estético y en el manejo de la teatralidad de las escenas. Allí donde otro cineasta a cargo de Bond pondría juegos de palabras o un toque de humor, Mendes prefiere el silencio y la pausa, a través de las cuales va revistiendo la historia de una inesperada solemnidad (que, quizás, parecerá excesiva a algunos fanáticos de 007).
Se nota la influencia de Hitchcock, con cita directa a ‘Intriga internacional’ (1959), en la escena de los policías en la estación de trenes; también, y de manera mucho más consistente, se ve que Mendes ha revisado varias veces ‘Vértigo’ (1958). A esa gran obra hitchcockiana remite esa constante sensación de que el super agente está en un limbo que se parece mucho a una muerte suspendida, y el laberíntico viaje al pasado, que hace derivar el relato desde los abigarrados neones incandescentes de Shangai hacia la desnudez de las soledades escocesas (filmadas de manera soberbia con luz natural).
No es que Mendes llegue a las profundidades metafísicas del maestro inglés, pero en lo formal, el recurrir a esta fuente -siempre inspiradora- le funciona a la hora de darle mayor intensidad al relato.

No hay duda de que Sam Mendes vio también los ‘Batman’ de Christopher Nolan y se ha dejado influir por sus atmósferas pesadas, su visión de desastre global y la relevancia -por momentos un poco exagerada- otorgada a la infancia del héroe. También se percibe algo de villano de ‘Batman’ en el malvado Silva, que encarna Javier Bardem con el pelo rubio, una ambigüedad constante en todo aspecto, y una ansiedad rencorosa y destructiva ligada a traumas antiguos (que es por donde se engancha con el fondo del filme). Mendes, sin embargo, juega la carta sicológica mucho más a fondo que Nolan y genera un interesante paralelo entre Bond y Silva que nos lleva a sentir, como espectadores, la existencia de un insólito parentesco entre ambos, casi de hermanos opuestos, enfrentados por el amor materno crepuscular.
El regreso al pasado de Bond se intensifica en ‘Skyfall’ con la vuelta a escena del clásico Aston Martin y un par de guiños más a los filmes de los ’60 y ’70. Todo, antes de desembocar en la extensa escena final en Escocia, cuyo carácter de origen está expresado visualmente en espléndidas imágenes que suponen un gran trabajo con la luz natural.
Es interesante lo que ocurre con esta veta más abiertamente psicoanalítica de la película. El punto es: nos interesa conocer la infancia de 007, saber quienes fueron sus padres y qué fue de ellos? Realmente, no. En su devenir personal, en su trabajo de espía al servicio de Su Majestad, esta biografía poco y nada puede aportar. El personaje de 007 es, por definición, desarraigado y ajeno a afectos duraderos. Sin embargo, dentro de la estructura de ‘Skyfall’ y de la manera en que se desarrolla el conflicto con Silva y Madre, este retorno al origen se vuelve importante para James Bond. Es como si fuera necesario que, en este paseo a la muerte, Bond se desfondara, llegara hasta su propio límite y superara su propia fragilidad para seguir existiendo.
Película de vocación terapéutica en cada uno de sus 143 minutos, ‘Skyfall’ es una de las más logradas cintas de la serie, y, probablemente, la mejor que ha dirigido Sam Mendes.

Vértigo: Cayendo al vacío

agosto 4, 2012

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Foto: La pasión según Hitchcock: el primer beso entre Scottie y su idealizada Madeleine.

Continuando con la más loable iniciativa cinéfila de 1990, el cine-arte Normandie y la distribuidora UIP reestrenan en Santiago _en una excelente copia_ la obra máxima de Alfred Hitchcock y una de las mejores películas jamás filmadas.

Todo crítico de cine tiene, en algún lugar más o menos escondido de su corazón, un Olimpo personal, un rincón donde guarda con devoción aquellas películas que, por variadas y no siempre explicables razones, han adquirido para él rango de verdadera divinidad. Para quien escribe estas líneas, ese Olimpo (formado por filmes de Charles Laughton, Sirk, Capra, Lang, Kazan, Rossellini, Nicholas Ray, Murnau, Griffith, Godard, Renoir y Welles, entre otros) tiene reservado el sitial de Zeus para Alfred Hitchcock.
De la vasta producción de este cineasta inglés atormentado, para el que la existencia fue siempre una cárcel, “Vértigo” me parece su hito máximo. Si “Tuyo es mi corazón” (Notorious, 1946), “La ventana indiscreta” (1954) e incluso “La soga” (1948) poseen quizás un guión más exacto y una realización desprovista de cualquier ripio, ninguna de ellas supera a “Vértigo” en intensidad, ideas y complejidad emocional.
El filme se abre con la imagen de un rostro femenino sobre el que se imprimen los créditos al ritmo de la extraordinaria y embrujante música de Bernard Herrmann. Allí, en esa máscara fantasmal que mueve los ojos, está resumido el enigma de la película. Cuando la cámara se detiene y se interna por uno de estos ojos inquietos hacia la oscuridad de la conciencia, Hitchcock _a través de los dibujos de Saul Bass_ nos revela la otra gran clave de su película: la espiral, forma geométrica que, casi imperceptiblemente, cubre todo el desarrollo de la acción.
La espiral está encarnada en el bien armado moño de Madeleine Elster (Kim Novak), una bella rubia que, según cree su marido, está poseída por el fantasma de Carlotta Valdés, una aristocrática dama de San Francisco que se volvió loca y se suicidó en el siglo pasado. Ante el peligro de que Madeleine corra la misma suerte de Carlotta, su marido, Gavin (Tom Helmore), solicita los servicios de Scottie (James Stewart), un detective que se ha retirado debido a que sufre de vértigo. El terror a las alturas y al vacío que aqueja a Scottie no es sólo físico. También tiene contornos de parálisis sicoanalítica, pues fue causado por la muerte de un policía amigo que intentó salvarle la vida en una redada por los tejados (en lo que es la escena más brutal con la que Hitchcock inició una de sus películas).
Planteados estos conflictos, Hitchcock va construyendo un denso tejido cinematográfico. A cada minuto que Scottie sigue a Madeleine en su errático vagabundeo, en cada nueva curva de las calles de San Francisco, el filme avanza un paso más en los laberínticos terrenos de lo fantástico y lo metafísico. Como si quedara atrapado entre los pliegues de una ensoñación, Scottie deja pasar los días contemplando a una Madeleine glacial y distante, que más bien parece una pintura y que va a grabarse para siempre en su mente como la imagen de la mujer amada.
En estas largas y silenciosas persecuciones, Hitchcock conduce a sus personajes por el viejo San Francisco, por el museo y el cementerio, en un recorrido que constituye un virtual viaje al pasado. Sí, porque en “Vértigo” _a diferencia de cualquier otra cinta de suspenso_ el protagonista no va hacia adelante sino hacia atrás. Scottie investiga quién fue Carlotta Valdés, cómo vivió y cómo murió, y en esa medida va retrocediendo en la vida misma de la ciudad hasta llegar a la misión española ubicada en las afueras.
Pocas veces un filme condensó de manera tan brillante el espacio físico y el mental, el tiempo cronológico y el ficticio. Admirable es, en este sentido, la escena en que Madeleine y Scottie pasean por un bosque de coníferas milenarias y Madeleine, hablando como si fuera Carlotta, ubica su extinta vida en el tronco cortado de una sequoia.
En el plano narrativo, Hitchcock se da el gusto de entregar la solución de la intrincada intriga policial del filme media hora antes del final, en una escena que deslumbra por su síntesis y que demuestra que si el director eligió una forma elíptica para contar esta historia no fue porque no pudiera narrarla de forma lineal. En cierto modo, ese momento en que Judy (Kim Novak, ahora de pelo oscuro) escribe una carta de confesión a Scottie en esa habitación con espejo y sin cuarta pared, es el punto final del cine clásico y el de la total consolidación del cine contemporáneo. El crimen perfecto cristaliza por primera y única vez en Hitchcock, la intriga se desvanece y este filme dominado por la espiral recomienza, con Scottie tratando de revivir, incluso con crueldad, a su perdida Madeleine.
Lo que queda por aclarar en la media hora final de “Vértigo” sólo tiene existencia _como Madeleine_ en el nivel de las ideas. Y ahí están Scottie y Judy, culpables a pesar suyo, sin otra posibilidad que repetir lo que ya vivieron, obligados a retornar una vez más al pasado, a esa misión española que es el eje de este filme arquitectónico y que tan bien conjuga todos sus temas.
Empujados a la tragedia por la maquinación del diabólico Gavin Elster, Scottie y Judy buscan la redención en el elevado campanario, cerca del cielo. Sin embargo, y por sobre la superación del trauma del vértigo del héroe, para estos amantes condenados no habrá más que la persistencia del fantasma y el ruego tardío de una monja _y del mismo Hitchcock_ que clama a Dios misericordia ante el advenimiento de lo inevitable: el vacío.

VERTIGO (Vertigo). Estados Unidos, color, 1958. Dirección: Alfred Hitchcock. Guión: Alec Coppel y Samuel Taylor, basado en la novela “De entre los muertos” de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Fotografía: Robert Burks. Decorados: Hal Pereira. Música: Bernard Herrmann. Montaje: George Tomasini. Vestuario: Edith Head. Intérpretes: James Stewart, Kim Novak, Barbara Bel Geddes, Henry Jones, Tom Helmore, Raymond Bailey, Ellen Corby, Lee Patrick. Duración: 128 minutos. Mayores de 14.

René Naranjo Sotomayor

Santiago de Chile, Viernes 20 de Julio de 1990
Wikén, El MERCURIO, pp. 16-17

El Caballero de la Noche Asciende: Batman y el sentido de lo heroico

julio 29, 2012
por René Naranjo SotomayorImagen
Termina la trilogía de Batman realizada por el director británico Christopher Nolan y con “El Caballero de la Noche Asciende” se cierra una de las sagas más interesantes producidas por el cine reciente. Porque a través los tres filmes y, en especial, en esta última entrega, Nolan redefinió los códigos creados en los ‘90 por Tim Burton y construyó un denso tejido sicológico, emocional y social en torno a la historia del millonario excéntrico que se disfraza de murciélago para combatir el crimen en Ciudad Gótica.

Con evidente talento y una capacidad excepcional para manejar el relato que mejora en cada película, Nolan ha esculpido, entre 2005 y 2012, el relato de una doble decadencia: la de su protagonista y la de la sociedad en que vive, que no es otra que la misma que habitamos todos nosotros. Muy lejos de los arquetipos del superhéroe, el Batman de Nolan, rodeado de lujo, dinero y vehículos de asombrosa tecnología, se mantiene siempre a escala humana y desde esa vulnerabilidad contempla, pese a sus intenciones justicieras, cómo su querida Gotham se corrompe día a día.

De modo muy coherente con esta intención de humanizar siempre a Batman y de buscar constantes resonancias con el acontecer contemporáneo, Christopher Nolan filmó la trilogía completa en formatos de 35 y 70mm y rechazó de plano el 3D. Tales decisiones, junto con confirmar el poder del director dentro de la industria y el control que mantiene sobre su trabajo, son artísticamente sensacionales y encuentran su apogeo en este ‘El Caballero de la Noche Asciende’.

Cuando ya nos hemos habituado a la falsa realidad de la imagen tridimensional, Nolan nos recuerda en cada uno de los 165 minutos de este filme arrasador que no hay nada más real en el cine que la imagen fotográfica y las dos dimensiones de la pantalla. Coherencia total de forma y fondo, que a la primera secuencia de este capítulo final, situada arriba de un avión en vuelo, ya nos tiene deslumbrados por la precisión y la manera brillante en que el cineasta sabe trabajar los espacios físicos. Si (como ya sucedía en “El origen”) en más de un instante pensamos en Stanley Kubrick, es justamente por la exactitud con que el Nolan filma las perspectivas y los amplios espacios vacíos, por el rigor con que enlaza el montaje siempre en potente conjunción con los movimientos de cámara. Impulsada por esa fuerza visual y sonora, la película literalmente transporta al espectador y lo mantiene muy atento con un argumento en que se intercalan diversas subtramas y nuevos personajes (incluida la llamativa Gatúbela de Anne Hathaway), todos los cuales están marcados por los cambiantes recovecos del espíritu humano.

Por cierto, el foco de la película está en Bruce Wayne (Christian Bale), pero no en su lucha contra los malvados sino en su propio conflicto interno contra la autodestrucción y la muerte. Esto provoca que veamos mucho a Wayne -y a su confidente Alfred (el gran Michael Caine), que adquiere gran relevancia- y poco a Batman. No obstante, la mayoría de las apariciones del Enmascarado cortan el aliento, como la primera, fantasmal, en plena persecución por las avenidas de Gotham; y esa otra, soberbia, en que contempla la ciudad desde lo alto de un rascacielos. Este Batman vuelve de la noche del descrédito, y en el combate arduo contra el fornido villano Bane (Tom Hardy) deberá llevar al extremo su propia condición heroica.

A medida que Wayne consume a Batman, el filme completo supera los códigos del género del cómic y el superhéroe (estamos a años luz de “Los Vengadores”) para incorporar derechamente escenas de profundo y actual sentido apocalíptico. El mejor chiste de la película lo espeta Bane a los corredores de la Bolsa de Wall Street, en una mofa que expresa toda la desconfianza de Nolan hacia quienes mandan en los tiempos que corren. El discurso del villano -que usa una suerte de bozal, como si hablara por la voz de otro- resuena como un compendio de los slogans del Occupy Wall Street y el 15-M español y parece enarbolar un justificado afán anticapitalista; hasta que, bajo esas mismas palabras, emerge un subtexto dictatorial y opresivo. En ese aspecto, el real enemigo de Batman y de la humanidad no es él, sino un poder mucho más oscuro y oculto.

Película de máscaras y capas como sus propios protagonistas, a la que sólo podría objetársele su deseo de ser perfecta hasta en los suspiros, ‘El Caballero de la Noche Asciende’ es una obra contundente que permite más de una visión y consolida a su autor a la delantera de la exclusiva lista de los autores que baten récords de taquilla. Concluye Batman, asciende Nolan.

Blancanieves a lo Juana de Arco: Armada y justiciera

junio 30, 2012

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por René Naranjo S.

Curiosidades de la industria del cine: En tres meses, Hollywood estrena dos producciones basadas en el clásico cuento de ‘Blancanieves’, publicado por los hermanos Grimm en 1812. La primera fue ‘Espejito, espejito’ con Julia Roberts en el rol de la pérfida reina madrastra, una auténtica pesadilla que postula con ventaja al título de la peor película de 2012. Ahora llega ‘Blancanieves y el cazador’, que afortunadamente es una cinta mucho mejor realizada y que justifica que uno se interne por los vericuetos de su adaptación y puesta en escena.
Dirigida por el debutante director británico Rupert Sanders, esta versión de la historia de Blancanieves revisa el cuento y amplifica sus líneas narrativas: saca partido a un personaje secundario, el Cazador; agrega virtudes redentoras a la candorosa protagonista, da a los enanitos una participación menor pero más intensa, y otorga al relato un tono épico que se combina con elementos maravillosos, característicos del cuento de hadas.
Es una apuesta bien pensada por los guionistas (el veterano John Lee Hancock y el primerizo Evan Daugherty) que permite renovar el argumento y ampliar el arco dramático de los personajes. Como eje se mantiene la malvada madrastra, Ravenna, esta vez encarnada de forma sólida por Charlize Theron -que viene de hacer de mala, también con mucha solvencia, en la fallida ‘Prometeo’. Ella marca la narración desde que aparece en pantalla, en pose de falsa víctima, y es la despiadada antagonista de la Blancanieves que interpreta Kristen Stewart.
En un marco donde lo mágico convive con lo cotidiano, la película desarrolla situaciones que buscan cierta coherencia realista. Y acierta en eso. Por ahí es donde entra a la historia el cazador, que esta vez adquiere dimensiones que van mucho más allá de la misión que le encomienda la reina de asesinar a Blancanieves. Interpretado por el hoy muy de moda Chris Hemsworth (el Thor de ‘Los vengadores’), este Cazador ayuda a aterrizar el argumento y a incorporar las variadas escenas de acción.
Con logrados efectos especiales y la estupenda música del consagrado James Newton Howard, el director Sanders -que sin duda ha visto varias veces ‘Excalibur’- sabe darle el ambiente gótico y amenazante a las secuencias del lóbrego castillo de Ravenna, en especial en la primera mitad del filme, y a la huida de Blancanieves en el Bosque Tenebroso (uno de los mejores momentos); también crea apropiadamente el aire más amigable a los instantes propios del cuento de hadas, explota bien la fuerza de la naturaleza, y saca petróleo en un par de escenas entre la protagonista y los siete enanitos, aquí desprovistos de toda aura maravillosa.
Donde no está el fuerte del joven cineasta es en la dirección de actores. Se requiere una mano más diestra para sacarle expresividad al duro Hemsworth y más fineza para hacer que la taquillera Kristen Stewart saque las buenas dotes de actriz que posee. Había material aquí para el lucimiento de Kristen en registro más sutil, que no son aprovechados, y el concepto de una Blancanieves que termina a lo Juana de Arco no la favorece del todo.
No obstante, y a pesar de algunos minutos extra (dura 127 minutos), esta ‘Blancanieves y el cazador’ recupera el relato infantil europeo para el cine de gran espectáculo y lo renueva de manera bien estructurada y potente.