Marion Cotillard protagoniza ‘Mal de pierres’: mirada femenina para el amor que hace delirar


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Gabrielle (Marion Cotillard) en el día de su matrimonio sin amor con José (Alex Brendemühl).

por René Naranjo S.

La francesa Nicole García hizo una brillante carrera como actriz en películas tan relevantes como ‘Mi tío de América’ (1980) y, desde hace 26 años, desarrolla una atractiva carrera de directora.

En la presente competencia de Cannes, García estrena ‘Mal de pierres’, título que alude a una enfermedad de cálculos que tiene la protagonista, Marion Cotillard, y que resulta de difícil traducción.

Por eso en ingles la bautizaron como ‘From the Land of the Moon’, es decir ‘Desde la tierra de la Luna’, lo que tampoco ayuda mucho.

Basada en una novela de la italiana Milena Agus, ‘Mal de pierres’ parte con el viaje en auto que, en la década de los ’60, efectúa una mujer, Gabrielle (Marion Cotillard) junto a su esposo, José (Alex Brendemuhl) y su hijo adolescente.

Van rumbo a la ciudad de Lyon, donde el joven competirá en un concurso de pianistas noveles. Sin embargo, a los pocos minutos, el film da un giro y viaja al pasado de Gabrielle, al tiempo cuando ella era una joven soltera que vivía con sus padres, dueños de un gran campo de lavanda.

La película deviene entonces, en casi su totalidad, un extenso racconto, que tiene siempre en su eje a Gabrielle. Ella sufre por su carácter sensible y también porque arde de ganas de estar con un hombre, pero el modo de vida de la época, estricto y muy controlado por la madre, no se lo permite.

La frustración del deseo la lleva a estados que fluctúan entre la melancolía y el arrebato delirante, y hacen pensar a su entorno que ella sufre una enfermedad mental. Para poner las cosas en orden, la madre arregla su matrimonio con un albañil callado y honesto de origen catalán, José, que trabaja para la familia.

La boda se realiza sin amor ni ternura, y los recién casados salen de la iglesia bañados por una frialdad absoluta.

Pronto la casa matrimonial es una prisión para Gabrielle, de la cual sólo puede escapar cuando se interna en un sanatorio alpino que recuerda a ‘La montaña mágica’. En este lugar de baños curadores, chorros de agua renovadores, almuerzos solitarios y habitaciones clínicas, la protagonista va a conocer a André (Louis Garrel), con quien va vivir el amor genuino por primera vez.

Relato romántico y de corte intimista, con palpable sensibilidad femenina en especial al momento de presentar en pantalla las relaciones que establecen las mujeres entre ellas, ‘Mal de pierres’ explora de manera intensa el ‘mal d’amour’, ese dolor físico que se siente como consecuencia de las perdidas y rupturas sentimentales.

La actuación de Marion Cotillard es, en ese sentido, muy física, su angustia traducida en malestar corporal recorre la película de punta a cabo, tal como la angustia rayana en la insania que debe padecer.

La dirección de Nicole García es económica en recursos, atenta al lenguaje de los cuerpos y la naturaleza, siempre apoyada por la estupenda cinematografía de Christophe Beaucarne y en la música de Tchaikovksy interpretada al piano.

‘Mal de pierres’ es un filme de amores imposibles e ilusiones quebradas, que, a riesgo de llevar el delirio del desamor hasta la absoluta irrealidad, funciona como melodrama.

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