Bond y ‘Skyfall’: De paseo a la muerte


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Por René Naranjo S.

El tercer filme de James Bond protagonizado por Daniel Craig tiene aspiraciones importantes. ‘Skyfall’ no quiere ser una película más de la saga ni se contenta con ser una respetable cinta de espías. Al mando de esta contundente producción, el director británico Sam Mendes (autor de las sobrevaloradas ‘American Beauty’ y ‘Sólo por un sueño’) pretende dejar la vara alta. Más aún cuando este año el super agente cumple medio siglo de vida y cuando, luego de la taciturna ‘Quantum of Solace’, la marca necesita un relanzamiento.
Para lograr estos objetivos artísticos y comerciales, Mendes y su equipo de probados talentos (que incluye al chileno Alexander Witt, al maestro de la fotografía Roger Deakins y una magnífica dirección de arte) apuestan en ‘Skyfall’ por una película que supera la simple entretención por la vía de sumergirse en las neurosis y las fracturas emocionales de los protagonistas.
Conocedor de los códigos del teatro, Mendes busca desde el comienzo otorgarle a Bond y a Madre (la gran Judi Dench) una dimensión sicológica que va mucho más allá de lo habitual y los pone en tensión desde la cautivante persecución de obertura en Estambul. El juego que ambos juegan es de vida o muerte y así lo hace sentir el director, enfatizando justamente en esa secuencia la posibilidad de que el mismo Bond pueda perecer.
Mendes quiere imponer un sello autoral a la película, y con ese fin se apoya en su indudable sentido estético y en el manejo de la teatralidad de las escenas. Allí donde otro cineasta a cargo de Bond pondría juegos de palabras o un toque de humor, Mendes prefiere el silencio y la pausa, a través de las cuales va revistiendo la historia de una inesperada solemnidad (que, quizás, parecerá excesiva a algunos fanáticos de 007).
Se nota la influencia de Hitchcock, con cita directa a ‘Intriga internacional’ (1959), en la escena de los policías en la estación de trenes; también, y de manera mucho más consistente, se ve que Mendes ha revisado varias veces ‘Vértigo’ (1958). A esa gran obra hitchcockiana remite esa constante sensación de que el super agente está en un limbo que se parece mucho a una muerte suspendida, y el laberíntico viaje al pasado, que hace derivar el relato desde los abigarrados neones incandescentes de Shangai hacia la desnudez de las soledades escocesas (filmadas de manera soberbia con luz natural).
No es que Mendes llegue a las profundidades metafísicas del maestro inglés, pero en lo formal, el recurrir a esta fuente -siempre inspiradora- le funciona a la hora de darle mayor intensidad al relato.

No hay duda de que Sam Mendes vio también los ‘Batman’ de Christopher Nolan y se ha dejado influir por sus atmósferas pesadas, su visión de desastre global y la relevancia -por momentos un poco exagerada- otorgada a la infancia del héroe. También se percibe algo de villano de ‘Batman’ en el malvado Silva, que encarna Javier Bardem con el pelo rubio, una ambigüedad constante en todo aspecto, y una ansiedad rencorosa y destructiva ligada a traumas antiguos (que es por donde se engancha con el fondo del filme). Mendes, sin embargo, juega la carta sicológica mucho más a fondo que Nolan y genera un interesante paralelo entre Bond y Silva que nos lleva a sentir, como espectadores, la existencia de un insólito parentesco entre ambos, casi de hermanos opuestos, enfrentados por el amor materno crepuscular.
El regreso al pasado de Bond se intensifica en ‘Skyfall’ con la vuelta a escena del clásico Aston Martin y un par de guiños más a los filmes de los ’60 y ’70. Todo, antes de desembocar en la extensa escena final en Escocia, cuyo carácter de origen está expresado visualmente en espléndidas imágenes que suponen un gran trabajo con la luz natural.
Es interesante lo que ocurre con esta veta más abiertamente psicoanalítica de la película. El punto es: nos interesa conocer la infancia de 007, saber quienes fueron sus padres y qué fue de ellos? Realmente, no. En su devenir personal, en su trabajo de espía al servicio de Su Majestad, esta biografía poco y nada puede aportar. El personaje de 007 es, por definición, desarraigado y ajeno a afectos duraderos. Sin embargo, dentro de la estructura de ‘Skyfall’ y de la manera en que se desarrolla el conflicto con Silva y Madre, este retorno al origen se vuelve importante para James Bond. Es como si fuera necesario que, en este paseo a la muerte, Bond se desfondara, llegara hasta su propio límite y superara su propia fragilidad para seguir existiendo.
Película de vocación terapéutica en cada uno de sus 143 minutos, ‘Skyfall’ es una de las más logradas cintas de la serie, y, probablemente, la mejor que ha dirigido Sam Mendes.

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