El Caballero de la Noche Asciende: Batman y el sentido de lo heroico


por René Naranjo SotomayorImagen
Termina la trilogía de Batman realizada por el director británico Christopher Nolan y con “El Caballero de la Noche Asciende” se cierra una de las sagas más interesantes producidas por el cine reciente. Porque a través los tres filmes y, en especial, en esta última entrega, Nolan redefinió los códigos creados en los ‘90 por Tim Burton y construyó un denso tejido sicológico, emocional y social en torno a la historia del millonario excéntrico que se disfraza de murciélago para combatir el crimen en Ciudad Gótica.

Con evidente talento y una capacidad excepcional para manejar el relato que mejora en cada película, Nolan ha esculpido, entre 2005 y 2012, el relato de una doble decadencia: la de su protagonista y la de la sociedad en que vive, que no es otra que la misma que habitamos todos nosotros. Muy lejos de los arquetipos del superhéroe, el Batman de Nolan, rodeado de lujo, dinero y vehículos de asombrosa tecnología, se mantiene siempre a escala humana y desde esa vulnerabilidad contempla, pese a sus intenciones justicieras, cómo su querida Gotham se corrompe día a día.

De modo muy coherente con esta intención de humanizar siempre a Batman y de buscar constantes resonancias con el acontecer contemporáneo, Christopher Nolan filmó la trilogía completa en formatos de 35 y 70mm y rechazó de plano el 3D. Tales decisiones, junto con confirmar el poder del director dentro de la industria y el control que mantiene sobre su trabajo, son artísticamente sensacionales y encuentran su apogeo en este ‘El Caballero de la Noche Asciende’.

Cuando ya nos hemos habituado a la falsa realidad de la imagen tridimensional, Nolan nos recuerda en cada uno de los 165 minutos de este filme arrasador que no hay nada más real en el cine que la imagen fotográfica y las dos dimensiones de la pantalla. Coherencia total de forma y fondo, que a la primera secuencia de este capítulo final, situada arriba de un avión en vuelo, ya nos tiene deslumbrados por la precisión y la manera brillante en que el cineasta sabe trabajar los espacios físicos. Si (como ya sucedía en “El origen”) en más de un instante pensamos en Stanley Kubrick, es justamente por la exactitud con que el Nolan filma las perspectivas y los amplios espacios vacíos, por el rigor con que enlaza el montaje siempre en potente conjunción con los movimientos de cámara. Impulsada por esa fuerza visual y sonora, la película literalmente transporta al espectador y lo mantiene muy atento con un argumento en que se intercalan diversas subtramas y nuevos personajes (incluida la llamativa Gatúbela de Anne Hathaway), todos los cuales están marcados por los cambiantes recovecos del espíritu humano.

Por cierto, el foco de la película está en Bruce Wayne (Christian Bale), pero no en su lucha contra los malvados sino en su propio conflicto interno contra la autodestrucción y la muerte. Esto provoca que veamos mucho a Wayne -y a su confidente Alfred (el gran Michael Caine), que adquiere gran relevancia- y poco a Batman. No obstante, la mayoría de las apariciones del Enmascarado cortan el aliento, como la primera, fantasmal, en plena persecución por las avenidas de Gotham; y esa otra, soberbia, en que contempla la ciudad desde lo alto de un rascacielos. Este Batman vuelve de la noche del descrédito, y en el combate arduo contra el fornido villano Bane (Tom Hardy) deberá llevar al extremo su propia condición heroica.

A medida que Wayne consume a Batman, el filme completo supera los códigos del género del cómic y el superhéroe (estamos a años luz de “Los Vengadores”) para incorporar derechamente escenas de profundo y actual sentido apocalíptico. El mejor chiste de la película lo espeta Bane a los corredores de la Bolsa de Wall Street, en una mofa que expresa toda la desconfianza de Nolan hacia quienes mandan en los tiempos que corren. El discurso del villano -que usa una suerte de bozal, como si hablara por la voz de otro- resuena como un compendio de los slogans del Occupy Wall Street y el 15-M español y parece enarbolar un justificado afán anticapitalista; hasta que, bajo esas mismas palabras, emerge un subtexto dictatorial y opresivo. En ese aspecto, el real enemigo de Batman y de la humanidad no es él, sino un poder mucho más oscuro y oculto.

Película de máscaras y capas como sus propios protagonistas, a la que sólo podría objetársele su deseo de ser perfecta hasta en los suspiros, ‘El Caballero de la Noche Asciende’ es una obra contundente que permite más de una visión y consolida a su autor a la delantera de la exclusiva lista de los autores que baten récords de taquilla. Concluye Batman, asciende Nolan.

Una respuesta to “El Caballero de la Noche Asciende: Batman y el sentido de lo heroico”

  1. lanuberoja Says:

    “Estamos a años luz de los vengadores” ¡Exacto! qué pena que aun así gane en taquilla la peor. Lo que más me gustó de la cinta esa tensión que genera en el espectador al mostrar una realidad tan cercana a la nuestra respecto a las injusticias y lo mal que funcionan las instituciones, no sabes si repudiar o aceptar a Bane. Para mí es de terror sicológico.

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