Archive for 29 julio 2012

El Caballero de la Noche Asciende: Batman y el sentido de lo heroico

julio 29, 2012
por René Naranjo SotomayorImagen
Termina la trilogía de Batman realizada por el director británico Christopher Nolan y con “El Caballero de la Noche Asciende” se cierra una de las sagas más interesantes producidas por el cine reciente. Porque a través los tres filmes y, en especial, en esta última entrega, Nolan redefinió los códigos creados en los ‘90 por Tim Burton y construyó un denso tejido sicológico, emocional y social en torno a la historia del millonario excéntrico que se disfraza de murciélago para combatir el crimen en Ciudad Gótica.

Con evidente talento y una capacidad excepcional para manejar el relato que mejora en cada película, Nolan ha esculpido, entre 2005 y 2012, el relato de una doble decadencia: la de su protagonista y la de la sociedad en que vive, que no es otra que la misma que habitamos todos nosotros. Muy lejos de los arquetipos del superhéroe, el Batman de Nolan, rodeado de lujo, dinero y vehículos de asombrosa tecnología, se mantiene siempre a escala humana y desde esa vulnerabilidad contempla, pese a sus intenciones justicieras, cómo su querida Gotham se corrompe día a día.

De modo muy coherente con esta intención de humanizar siempre a Batman y de buscar constantes resonancias con el acontecer contemporáneo, Christopher Nolan filmó la trilogía completa en formatos de 35 y 70mm y rechazó de plano el 3D. Tales decisiones, junto con confirmar el poder del director dentro de la industria y el control que mantiene sobre su trabajo, son artísticamente sensacionales y encuentran su apogeo en este ‘El Caballero de la Noche Asciende’.

Cuando ya nos hemos habituado a la falsa realidad de la imagen tridimensional, Nolan nos recuerda en cada uno de los 165 minutos de este filme arrasador que no hay nada más real en el cine que la imagen fotográfica y las dos dimensiones de la pantalla. Coherencia total de forma y fondo, que a la primera secuencia de este capítulo final, situada arriba de un avión en vuelo, ya nos tiene deslumbrados por la precisión y la manera brillante en que el cineasta sabe trabajar los espacios físicos. Si (como ya sucedía en “El origen”) en más de un instante pensamos en Stanley Kubrick, es justamente por la exactitud con que el Nolan filma las perspectivas y los amplios espacios vacíos, por el rigor con que enlaza el montaje siempre en potente conjunción con los movimientos de cámara. Impulsada por esa fuerza visual y sonora, la película literalmente transporta al espectador y lo mantiene muy atento con un argumento en que se intercalan diversas subtramas y nuevos personajes (incluida la llamativa Gatúbela de Anne Hathaway), todos los cuales están marcados por los cambiantes recovecos del espíritu humano.

Por cierto, el foco de la película está en Bruce Wayne (Christian Bale), pero no en su lucha contra los malvados sino en su propio conflicto interno contra la autodestrucción y la muerte. Esto provoca que veamos mucho a Wayne -y a su confidente Alfred (el gran Michael Caine), que adquiere gran relevancia- y poco a Batman. No obstante, la mayoría de las apariciones del Enmascarado cortan el aliento, como la primera, fantasmal, en plena persecución por las avenidas de Gotham; y esa otra, soberbia, en que contempla la ciudad desde lo alto de un rascacielos. Este Batman vuelve de la noche del descrédito, y en el combate arduo contra el fornido villano Bane (Tom Hardy) deberá llevar al extremo su propia condición heroica.

A medida que Wayne consume a Batman, el filme completo supera los códigos del género del cómic y el superhéroe (estamos a años luz de “Los Vengadores”) para incorporar derechamente escenas de profundo y actual sentido apocalíptico. El mejor chiste de la película lo espeta Bane a los corredores de la Bolsa de Wall Street, en una mofa que expresa toda la desconfianza de Nolan hacia quienes mandan en los tiempos que corren. El discurso del villano -que usa una suerte de bozal, como si hablara por la voz de otro- resuena como un compendio de los slogans del Occupy Wall Street y el 15-M español y parece enarbolar un justificado afán anticapitalista; hasta que, bajo esas mismas palabras, emerge un subtexto dictatorial y opresivo. En ese aspecto, el real enemigo de Batman y de la humanidad no es él, sino un poder mucho más oscuro y oculto.

Película de máscaras y capas como sus propios protagonistas, a la que sólo podría objetársele su deseo de ser perfecta hasta en los suspiros, ‘El Caballero de la Noche Asciende’ es una obra contundente que permite más de una visión y consolida a su autor a la delantera de la exclusiva lista de los autores que baten récords de taquilla. Concluye Batman, asciende Nolan.

Exito de ‘Joven y alocada’, de Marialy Rivas

julio 13, 2012

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El primer largometraje de Marialy Rivas cumplió 14 semanas en cartelera en cines de Chile, y ha convocado a más de 40 mil espectadores.
En la foto, la directora Marialy Rivas (izq), la guionista Camila Gutiérrez y la actriz María Gracia Omegna (der), en la función especial de celebración en Centro Arte Alameda, en Santiago.

Cosmópolis: Cronenberg aniquila el capitalismo

julio 12, 2012

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Por René Naranjo S.

Era la película más esperada del Festival de Cannes 2012. ‘Cosmópolis’, del consagrado director canadiense David Cronenberg y basada en la novela del muy interesante escritor estadounidense Don de Lillo, se tomó la penúltima jornada de competencia con una propuesta estéticamente impecable y una visión lúcida y de la sociedad globalizada del siglo XXI.

Fascinante, fría, lúcida, distanciada, sin concesiones, conectada a fondo con la realidad global contemporánea. Así es ‘Cosmópolis’, el nuevo filme de David Cronenberg, que por fin hoy tuvo su estreno mundial en Cannes y que trajo al Festival al astro juvenil de Hollywood y vampírico protagonista de la saga ‘Crepúsculo’, el actor Robert Pattinson.
A bordo de su ultra equipada limusina blanca, Eric Parker (Robert Pattinson) recorre las avenidas de una gran urbe muy similar a Nueva York. Su objetivo es tan cotidiano como trivial: quiere cortarse el pelo con su peluquero favorito, que vive al otro lado de la ciudad.
El punto es que Parker no es un ciudadano común y corriente en absoluto. Millonario a los 28 años, tiene todo lo que el dinero puede comprar (incluido un avión de guerra soviético) y juega a la especulación con el yuan (la moneda china) durante día y noche.
El viaje hacia la peluquería, sin embargo, no será fluido. Hay atascos de autos por todas partes, porque el presidente de los Estados Unidos está de visita en la ciudad y, además, un importante cantante de hip hop ha muerto, y por los calles va pasando su masivo funeral.
A un kilómetro por hora, Parker recibe en los asientos de cuero de su limosina blindada e insonorizada a diversos personajes. Es como si el vehículo fuera su oficina, su casa y su identidad personal, y por ahí pasan mujeres con las que tiene sexo casual (Juliette Binoche), una analista de reflexiona sobre los conceptos de capitalismo y destrucción con un texto brillante (Emily T), un rapero amigo del músico difunto. En el camino, esta limosina que parece avión privado se topa con una manifestación anticapitalista, y con un activista (un genial Matthew Amalric) que lanza tortas de crema a los líderes del sistema político y económico.
En un momento, Parker cita un poema en el que se profetiza que un día, la gran divisa que se usará en los negocios serán las ratas. Según comentó David Cronenberg, ‘Occupy Wall Street ocurría al mismo tiempo que filmábamos la película, así que parecía que estábamos haciendo un documental. Yo sentía que eso era extraño, inesperado; ciertamente no tengo la respuesta hacia donde va todo esto’.
Cronenberg se interroga sobe el devenir de la sociedad, sobre el poder de unos pocos para decidir los destinos financieros de la humanidad y él mismo se pone a prueba, en el plano artístico, en cada película.
En ‘Cosmópolis’, el autor canadiense hace mas radical su camino hacia la abstracción, hacia el mayor despojamiento posible de la puesta en escena para centrar casi toda la atención en los cuerpos de sus actores y las palabras que pronuncian (Robert Pattinson y el gran Paul Giamatti protagonizan una intensa conversación que dura 22 minutos), llCronenberg decía hoy en la conferencia de prensa que ‘la esencia del cine es un rostro humano que habla’ y ‘Cosmopolis’ es fiel a esa premisa de punta a cabo. Es un filme de escasa acción física y de bastante texto, dicho por los actores de manera lineal, con poca expresión, recurso que sirve para mantener distanciado al espectador. Aquí Pattinson responde bien el desafío, con una mezcla de impasibilidad ajena a todo sufrimiento humano y, al mismo tiempo, con una carga de vulnerabilidad que remite (como es habitual en Cronenberg) a interpretaciones psicoanalíticas.
Respecto a la conexión con su trabajo previo, Cronenberg dice que ‘No pienso en mis películas anteriores. Me concentro completamente en la película que estoy haciendo y no en lo que hice antes. Por cierto veo conexiones, pero eso no me ayuda a trabajar mejor en esta película’.
Tales conexiones existen, y ligan a ‘Cosmópolis’ con ‘Existenz’, ‘Crash’ y ‘Festín desnudo’ en lo abstracto, pero con menos carga de erotismo y delirio. En ‘Cosmópolis’, la inquietud de Cronenberg parece ser ¿qué nos queda de humanos en este mundo aséptico creado por la tecnología, que nos lleva todavía a diferenciarnos como seres humanos? Las respuestas parecen situarse en el sexo, en ciertos afectos muy precisos y, veladamente, en un secreto afán de autodestrucción.
Tan cargada de contenido en todo nivel (los títulos iniciales tributan a Pollock y los finales, a Rothko; gran banda sonora de Howard Shore y magnífica fotografía de Peter Suschitzky) como difícil de aprehender por completo en una sola visión, ‘Cosmópolis’ es un filme exigente en cada diálogo y en cada plano, como sólo saben serlo las películas de los artistas de verdad.