Archive for 30 junio 2012

Blancanieves a lo Juana de Arco: Armada y justiciera

junio 30, 2012

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por René Naranjo S.

Curiosidades de la industria del cine: En tres meses, Hollywood estrena dos producciones basadas en el clásico cuento de ‘Blancanieves’, publicado por los hermanos Grimm en 1812. La primera fue ‘Espejito, espejito’ con Julia Roberts en el rol de la pérfida reina madrastra, una auténtica pesadilla que postula con ventaja al título de la peor película de 2012. Ahora llega ‘Blancanieves y el cazador’, que afortunadamente es una cinta mucho mejor realizada y que justifica que uno se interne por los vericuetos de su adaptación y puesta en escena.
Dirigida por el debutante director británico Rupert Sanders, esta versión de la historia de Blancanieves revisa el cuento y amplifica sus líneas narrativas: saca partido a un personaje secundario, el Cazador; agrega virtudes redentoras a la candorosa protagonista, da a los enanitos una participación menor pero más intensa, y otorga al relato un tono épico que se combina con elementos maravillosos, característicos del cuento de hadas.
Es una apuesta bien pensada por los guionistas (el veterano John Lee Hancock y el primerizo Evan Daugherty) que permite renovar el argumento y ampliar el arco dramático de los personajes. Como eje se mantiene la malvada madrastra, Ravenna, esta vez encarnada de forma sólida por Charlize Theron -que viene de hacer de mala, también con mucha solvencia, en la fallida ‘Prometeo’. Ella marca la narración desde que aparece en pantalla, en pose de falsa víctima, y es la despiadada antagonista de la Blancanieves que interpreta Kristen Stewart.
En un marco donde lo mágico convive con lo cotidiano, la película desarrolla situaciones que buscan cierta coherencia realista. Y acierta en eso. Por ahí es donde entra a la historia el cazador, que esta vez adquiere dimensiones que van mucho más allá de la misión que le encomienda la reina de asesinar a Blancanieves. Interpretado por el hoy muy de moda Chris Hemsworth (el Thor de ‘Los vengadores’), este Cazador ayuda a aterrizar el argumento y a incorporar las variadas escenas de acción.
Con logrados efectos especiales y la estupenda música del consagrado James Newton Howard, el director Sanders -que sin duda ha visto varias veces ‘Excalibur’- sabe darle el ambiente gótico y amenazante a las secuencias del lóbrego castillo de Ravenna, en especial en la primera mitad del filme, y a la huida de Blancanieves en el Bosque Tenebroso (uno de los mejores momentos); también crea apropiadamente el aire más amigable a los instantes propios del cuento de hadas, explota bien la fuerza de la naturaleza, y saca petróleo en un par de escenas entre la protagonista y los siete enanitos, aquí desprovistos de toda aura maravillosa.
Donde no está el fuerte del joven cineasta es en la dirección de actores. Se requiere una mano más diestra para sacarle expresividad al duro Hemsworth y más fineza para hacer que la taquillera Kristen Stewart saque las buenas dotes de actriz que posee. Había material aquí para el lucimiento de Kristen en registro más sutil, que no son aprovechados, y el concepto de una Blancanieves que termina a lo Juana de Arco no la favorece del todo.
No obstante, y a pesar de algunos minutos extra (dura 127 minutos), esta ‘Blancanieves y el cazador’ recupera el relato infantil europeo para el cine de gran espectáculo y lo renueva de manera bien estructurada y potente.

‘Diario de un seductor’: Mal título para un viaje que pudo tener más gracia

junio 30, 2012

Ponerle como título ‘Diario de un seductor’ en Chile a ‘The Rum Diary’ (2011) es muy mala idea, porque desvía al público potencial de una película que ya requiere alguna información adicional para ser debidamente identificada. Este nuevo filme protagonizado por Johnny Depp se basa en la novela de Hunter S. Thompson, ‘Los diarios del ron’ y esa es la gracia de la película que no se alcanza a divisar: el carácter autobiográfico de la estadía en Puerto Rico del fundador del periodismo gonzo, en 1960.
Johnny Depp llegó a ser un gran amigo de Thompson -incluso pagó su fastuoso funeral en 2005- y esta es la segunda vez que lo interpreta en el cine (hace 14 años lo hizo en ‘Pánico y locura en Las Vegas’, de Terry Gilliam). Tiene poca fortuna el actor en esta causa, porque ni aquella ni esta película están a la altura de las intenciones ni tampoco del atractivo que posee el delirante y revolucionario visión periodismo que realizó Thompson en los años 60 y 70.
No es que ‘Diario de un seductor’ sea un mal filme; al contrario, tiene una primera mitad bien lograda, que capta el espíritu de la época y le da un toque de humor a la imparable adicción al alcohol de su protagonista, que se llama Paul Kemp y es un alter ego de Thompson (esta es una película perfecta pata ver con un whisky). En el elenco además está Richard Jenkins, actor extraordinario que se luce como el director del diario San Juan Star, al que Kemp llega a trabajar. Y hasta la lectura política de este Puerto Rico ‘anexado’ a Estados Unidos funciona, y aparece muy actual con su denuncia del saqueo de los recursos naturales que inescrupulosos inversionistas norteamericanos (liderados por un racista Aaron Eckhart) quieren llevar a cabo en la isla.
El punto es que el trabajo del director Bruce Robinson -cuya cinta anterior es la discretísima ‘Jennifer 8’, que data de dos décadas atrás- es flojo, casi rutinario, desprovisto de la pasión rupturista y apasionada que exige la historia. Eso provoca que la película vaya perdiendo potencia en su segunda mitad hasta llegar a unos alargados 120 minutos de duración que ni los bellos paisajes ni el profesionalismo a toda prueba de Johnny Depp pueden resucitar.
‘Diario de un seductor’ es un filme que termina muy sin aire para un protagonista que en un momento escribe que luchará contra el poder y no se dejará nunca vencer por los canallas que controlan el sistema.
A este paso, la revolución -al menos en el cine- tardará bastante en llegar.

Cannes y la alfombra roja de los sueños

junio 19, 2012

por René Naranjo S.

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Kylie Minogue viste de negro y verde y posa para la muralla de fotógrafos de esmoquin antes de pasar a la sala donde la entrevistan para la TV del festival. Está aquí como actriz, ya que aparece alrededor de 15 minutos en “Holy Motors”, el filme-ovni de Cannes 2012. En la película, Kylie pasea por París, canta una canción y luego se sube a un elevado letrero y se arroja al Sena. Lo suyo es más una rareza que upgrade a su carrera, pero hela aquí, mirando todo con sus grandes ojos azules.

Un poco antes, Kristen Stewart, la chica virginal de la saga “Crepúsculo”, rompe sus pudores y se juega su paso a la madurez en el filme “On the Road”, del brasileño Walter Salles. Kristen hace topless, se mete a la cama con dos amigos-amantes y en la escena cúlmine, los masturba a ambos al mismo tiempo mientras van a toda velocidad por los caminos de EEUU (esto sólo está sugerido, por cierto). Kristen sabe que debe quemar pronto su sello teenager, que no se puede quedar encasillada, y se arrima a una cinta bien hecha y con perfil artístico en el epicentro global del cine.

Lo mismo hace su amado marido-vampiro, Robert Pattinson. Él se puso a las órdenes del maestro David Cronenberg en la acelerada y sexual “Cosmopolis”. Lo justo para hacer arder cualquier imagen de ingenuidad. Pattinson va de “cool” dentro y fuera de cámara, y hace delirar a las chiquillas cuando se empina en los peldaños de la alfombra roja del evento más glamoroso del mundo. Por cierto, no todo es juventud. La noche anterior, Roman Polanski reverdece sus laureles de maestro absoluto con una función de “Tess” (1979) remasterizada y en compañía de una Natassja Kinski que, quizás, se mira con nostalgia en la pantalla.
Cuando las estrellas del cine caminan sobre esa alfombra roja, los flashes de los reporteros gráficos generan sobre ellos una cortina de luces. Es parecido a un éxtasis, adictivo como pocos, que hace que Brad Pitt, Nicole Kidman y Kirsten Dunst regresen año a año, y que los maduros Bruce Willis, Robert de Niro, Viggo Mortensen y Bill Murray la caminen como en una embriaguez dichosa. Por eso todas y todos quieren estar ahí. En una industria que es negocio, arte e ilusión a la vez, subir esta alfombra roja equivale casi a emprender el camino amarillo de Oz. Si hasta el actor de los “Transformers”, Shia LaBeouf la recorrió con el elenco de “Lawless”, acaso para olvidarse de los fiascos protagonizados junto a Optimus Prime y Rossy de Palma, la ex regalona de Almodóvar, también se dio una vuelta por allí el fin de semana.
La alfombra de Cannes redime los pecados cometidos en las películas malas y consagra el camino al éxito y la posteridad. Por eso Hollywood desembarca completo en la Costa Azul francesa, para observar ese cine de calidad que por allá está en extinción y elegir de cada cosecha los títulos que puedan proponer al Oscar del año siguiente.
¿Y qué hay al final de la alfombra, una marmita de oro o un charlatán disfrazado de hacedor iluminado? Más bien una gran sala, de 2.500 butacas, con una proyección fenomenal, donde los invitados, vestidos de gala de pies a cabeza, forman el auditorio para el aplauso y el triunfo. Al final de la función, justo antes de que se enciendan las luces, la ovación señala que la vida eterna de la película y de quienes están en ella puede comenzar.
Es el embrujo del balneario de la Costa Azul. Es el poder de la alfombra capaz de emprender el vuelo y llevarte, como la de Simbad, hacia el lugar impreciso donde habitan los sueños.

La noche de enfrente’: Raúl Ruiz habla desde la vida eterna en su película póstuma

junio 17, 2012
por René Naranjo S.
Imagen:La noche de enfrenteLa película póstuma de Raúl Ruiz, titulada ‘La noche de enfrente’ y basada lejanamente en textos del escritor Hernán del Solar, se estrenó mundialmente la noche del sábado 19 en el Teatro Croisette de Cannes, sede de la Quincena de Realizadores. Fue una jornada plena de emoción, en que, sorpresivamente, se oyó incluso la voz del fallecido cineasta chileno.

Hubo lágrimas en Cannes al final de la proyección de ‘La noche de enfrente’, la ultima película que alcanzo a filmar Raúl Ruiz en sus 70 años de vida. Fallecido en agosto de 2011, Ruiz rodó el filme entre abril y mayo y luego lo terminó rápidamente, ayudado por su esposa y constante colaboradora en el montaje, Valeria Sarmiento. Las escenas se grabaron en Antofagasta (locación inédita para el cineasta) y en Santiago, especialmente en el barrio Yungay, y el elenco reunió a Sergio Hernández, Marcial Edwards, Valentina Vargas, Chamila Rodríguez y Pedro Vicuña, entre otros.

Financiada en buena parte con fondos del Consejo de la Cultura, el filme de despedida de Ruiz es una producción de vocación plenamente chilena, colmada de referencias a recuerdos, dichos, canciones y habla de este fin de mundo. Y el cineasta la asumió como tal, a sabiendas de que muy probablemente sería la última vez que encabezaría un rodaje. Por eso no se ahorró recuerdos de infancia y puso como uno de los protagonistas de la cinta a un niño en la edad del pavo que, en la década de los 50, deslumbra a propios y extraños con su erudición sobre los temas mas variados.

El contrapunto de este niño (que tiene algo de monstruo, como todos los niños ruicianos, pero esta vez visto con mucha mas ternura) es don Celso Barra (un portentoso Sergio Hernández), hombre que se apronta a enfrentar su día de jubilación con temor a quedar solo y a morir.

Ruiz hace que la narración vaya desde el norte, donde don Celso hace amistad con el escritor francés Jean Giono, hasta las calles de Quilpué y Villa Alemana (lugares donde el mismo Ruiz vivió de niño), y hace referencias al gobierno de Carlos Ibáñez y a artistas como Beethoven, que se aparece justamente en la película, como un fantasma encarnado.

El filme completo es, como es habitual en el cine de Ruiz, un juego ambiguo de figuras espectrales, de luces y de sombras (gran fotografía de inti Briones) donde no es sencillo dilucidar quien esta realmente vivo y quien muerto. En la polvorienta oficina de don Celso, bajo la ironía constante de su jefe (Marcial Edwards, muy bien en el rol) la vida parece estar fuera del tiempo, quieta, impasible, animada solo por los poemas que se recitan y los brindis que se alzan, aparatosos, en reuniones para celebrar o despedir a algún compañero de trabajo.

En términos de argumento, lo único que perturba la moribunda paz de los personajes es la intuición que tiene don Celso de que un joven llamado Rododendro va a llegar un día para asesinarlo. Ruiz, por cierto, no hace con este dato juego de suspenso alguno: la certeza de don Celso le sirve para articular paradojas y enfatizar la idea de que la existencia tiene un fin que llegara sin aviso y sin falta. Don Celso esta predestinado a la muerte como todos nosotros; solo permanece la incógnita de cómo y cuándo ocurrirá lo inevitable. Este momento será uno de los más intensos del relato, y una maravilla en lo que a realización se refiere.

Ruiz filmó ‘La noche de enfrente’ con planos-secuencia tan elaborados como magníficos, en los que la cámara se mueve o espera a los actores con total fluidez, con la sutileza de un maestro. Con una sensacional partitura de Jorge Arriagada (su dupla musical en 46 filmes desde 1977), el cineasta crea pasajes excepcionales, como el instante en que don Celso desliza su mano por encima de las botellas en las que guarda sus veleros en miniatura y la flauta ayuda a crear un clima inefable, logro propio de un cine que conecta las dimensiones físicas de la puesta en escena con el aire que flota en la habitación.

Cuando no está la música de Arriagada, Ruiz pone boleros en versiones antiguas o hace que sus personajes canten esas viejas tonadas que animaban las veladas de pasadas generaciones chilenas. Así, en la escena final de la película, Marcial Edwards entona el ‘Matecito de Plata’ que hace casi un siglo cantaron Los Cuatro Huasos. ‘Viejo mate de plata/Venerada reliquia’ canta Edwards, el jefe de la oficina, mientras le pide a sus empleados que le hagan el coro.

Es un adiós nostálgico y conmovedor, que depara una sorpresa:cuando han pasado los créditos y terminado la canción, se oye la voz de Raúl Ruiz que dice ‘Coupez’ (Corten). Fue una opción de Valeria Sarmiento dejar correr toda la toma de sonido y guardar esa palabra al final.

Es como si la voz de este artista fundamental hablara desde esa vida eterna que solamente otorga la pantalla de cine. El corazón da un salto.

Columna de René Naranjo: “Amores borrascosos” – Publimetro

junio 15, 2012

Sobre ‘Sombras tenebrosas’ y ‘Mapa para conversar’.

Columna de René Naranjo: “Amores borrascosos” – Publimetro.

‘El año de tigre’: La devastación total

junio 6, 2012

Por René Naranjo S.

Este 2012 va camino a convertirse en uno de los años más importantes de la historia del cine chileno. Con dos filmes ya estrenados de sólida calidad en su realización (‘Joven y alocada’, de Marialy Rivas y ‘Bonsai’, de Cristián Jiménez) más varios otros valiosos (como el documental ‘Hija’), la cinematografía nacional ve consolidarse una nueva generación de directores, actores y guionistas, que observan la realidad con miradas contemporáneas y puntos de vista marcados por la inquietud moral sobre una sociedad colmada de contradicciones.
‘El año del tigre’ es el tercer largometraje de Sebastián Lelio, quien antes realizó ‘La sagrada familia’ (2005) y ‘Navidad’ (2009) y sitúa su acción en torno al terremoto y tsumani del 27 de febrero de 2010. Lelio grabó en la región costera más afectada por el cataclismo, a pocas semanas de la catástrofe, y captó la destrucción en estado puro. Inteligentemente, no buscó agregar más ficción a los hechos (como sí hizo la cinta ‘03.34’), sino que la minimizó hasta lo esencial, de modo de que el paisaje derrumbado y la desolación colectiva también pudieran hacer oír su voz en la pantalla.
El filme es, justamente, una historia de ausencias, el relato de esa huída desde la cárcel tan afortunada como imposible que emprende Manuel (Luis Dubó, perfecto en el rol), con ese caminar y ese esconderse constante, ese ajuste de cuentas doloroso del protagonista con sus pérdidas y sus miedos, ese reencuentro con la casa familiar -ahora devastada- y el fantasma de los poblados cercanos, a los que puede acercarse pero en los cuales ya no hallará su lugar.
Con una muy buena asimilación de diversas influencias fílmicas y una evidente madurez respecto a sus trabajos anteriores, la cámara de Sebastián Lelio acompaña a Manuel como un buen y callado amigo. Lo acompaña en su soledad, en los extensos silencios, en sus dudas sobre qué hacer, y en secuencias de gran cine, como aquella en que Manuel encuentra el cadáver de su madre entre los escombros, lo amortaja humildemente, lo toma en brazos para llevarlo al bosque y lo entierra bajo la sombra fresca de los árboles.
El director recorre el infierno post 27-F junto a su personaje sin juzgarlo, sin apurarlo, dejando que el tiempo (todo un protagonista de la película) haga su trabajo. En su viaje, Manuel va a toparse con distintas situaciones, la más relevante de las cuales será su estadía en el campo de un autoritario criador de cerdos (Sergio Hernández, sensacional). Es en esta convivencia forzada y forzosa (Manuel acepta trabajar allí casi en condiciones de esclavitud) que van a aparecer conceptos relativos a la opresión y violencia social instaladas hace siglos en la vida chilena, así como las dudas sobre la verdadera voluntad de Dios. En este sentido, Sergio Hernández regala al espectador con una escena formidable en la que predica sobre el castigo divino, un momento que la puesta en escena de Lelio -apoyado en la gran fotografía de Miguel Joan Littin- evoca fuerzas atávicas y remotas.
Con menos frenesí que en su primer filme (‘La sagrada familia’) y en forma más precisa que en el segundo (‘Navidad’), Sebastián Lelio reitera un interés por la presencia de lo religioso en la vida cotidiana. La posición del director ante estos temas es ambigua; a ratos parece estar muy cerca del discurso cristiano, mientras en otras se le siente más distante e irónico. Con todo, esa ambigüedad enriquece la narración y la abre a diversas interpretaciones sobre la libertad y el destino, dos de los temas que recorren el relato de punta a cabo.

Película que funde depuración y contundencia, y que posee una emoción contenida que surge de lo más básico, ‘El año del tigre’ tiene el gran mérito de ser una obra donde cada elemento juega un rol significativo sin ser rimbombante, en que los hombres y la naturaleza se integran en un drama sin subrayados, y en la cual su director da un paso importante hacia la plena autoría.

‘El año del tigre’
Dir: Sebastián Lelio
Con: Luis Dubó, Sergio Hernández
Chile, 2011.

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