‘Joven y alocada’: La película que faltaba en el cine chileno


Dir: Marialy Rivas

Con: Alicia Rodríguez, Aline Kuppenheim, María Gracia Omegna.

Chile, 2012

La primera escena de ‘Joven y alocada’ avisa certeramente –como suelen hacerlo las buenas películas- lo que será el tono de lo que veremos en los siguientes 100 minutos: una adolescente, Daniela (Alicia Rodríguez) se despierta al lado de un joven después de una fiesta y, mientras éste y los demás duermen, se excita con el cuerpo de su acompañante y se masturba.

El afán sexual de Daniela es interrumpido a cada rato por las llamadas de su madre (Aline Kuppenheim), mujer de intensa práctica evangélica, al igual que el resto de su familia. Y en ese choque de deseo y religión, de cuerpo y mente, de juventud y autoridad, se instala el relato de iniciación, energético y apasionado, que entra sin anestesia en el contradictorio Chile del siglo 21.

La mirada inquieta de Marialy –que debuta aquí en el largometraje- se centra en Daniela, chica de familia acomodada de Santiago, quien va a cumplir los 18 años, pero cuyo entorno dista mucho de ver como adulta. Como escapatoria a la represión que la rodea, ella escribe a escondidas un blog, que, tal como la cinta, se divide en capítulos y se titula ‘Joven y alocada’. Por esa vía de la escritura salen las pulsiones más candentes de Daniela; el juego con la internet, además, permite que el msn, la webcam y el chat se integren como reales elementos narrativos.

El guión de la película (premiado en enero en el Festival de Sundance) impone giros rápidos, ritmo intenso, diálogos con acertado lenguaje coloquial, y entrelaza personajes y situaciones con habilidad, aguda observación social y uso inteligente de la banda sonora. Todo, sin que la cámara de la directora se despegue un instante del rostro de su protagonista, sin que deje de acompañarla un segundo en sus silencios, jadeos y sollozos.

La actriz Alicia Rodríguez soporta bien el desafío y se entrega en plena complicidad a las exigencias de la directora, quien también saca actuaciones contundentes de Aline Kuppenheim (acaso su mejor trabajo en cine), Ingrid Isensee y María Gracia Omegna, que interpreta a la amiga que guía a Daniela en su aprendizaje lésbico.

Como muy rara vez ha sucedido en el cine chileno, en ‘Joven y alocada’ los cuerpos poseen una dimensión física real, con textura y casi con olor. La directora los filma de cerca, los recorre, los contempla, los hace latir, con una corporalidad que colma la pantalla de sensaciones antes incluso de que algún actor hable.

Es a partir de filmar el cuerpo de esa forma que la película legitima el deseo de sus personajes y hace sentir toda su fuerza. Es ese el camino por el que el filme encuentra una verdad que le sirve de base para explorar las trabas de la religión y las restricciones de la autoridad. Lo corporal como lo real es la llave que abre las puertas de una existencia que se asoma difícil y tormentosa, en la cual nunca habrá respuestas para todas las preguntas.

Secretamente, detrás de cada una de sus imágenes coloridas y potentes, Marialy Rivas confía en que el cine puede cambiar la sociedad. Y el primer paso para ese cambio es ponerle atención a ese calor interno que tanto se parece al furor de vivir.

 

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