“Drama”: La verdad en la catarsis


 

Por René Naranjo S.

Estrenar un primer largometraje es un momento muy especial en la vida de un cineasta. En ese primer trabajo, suelen volcarse las pulsiones más inconcientes y las pasiones con menos filtro. Esa suele ser también la fuerza de las primeras películas, que en Chile muchas veces –como sucedía con “Fuga”, de Pablo Larraín- equivalen a la ruptura de los directores con las entornos rígidos y burgueses donde se criaron.

En el caso de “Drama”, opera prima del actor y también distribuidor de cine Matías Lira, la noción de quiebre lo cruza todo. Y es así que esta película intensa tiene un punto de partida tan ligado al teatro como a la catarsis.

Un profesor (Jaime McManus) enseña las teorías teatrales del francés Antonin Artaud a un curso de jóvenes actores. De acuerdo a esos postulados radicales (que pasaron a la historia como “el teatro de la crueldad”), el profesor les pide verdad a los alumnos, “que aflore la bestia”, que se atrevan a hurgar en los rincones oscuros de sus espíritus.

Entre quienes escuchan estos conceptos están el impetuoso Mateo (Eusebio Arenas), su polola María (Isidora Urrejola), y el algo más introvertido Ángel (Diego Ruiz). Los tres son apasionados y quieren aprender rápido los misterios que hay dentro y fuera de ellos. Por eso parten por ponerse como prueba la superación de los límites de su sexualidad.

La apuesta que propone “Drama” –inspirada en la propia experiencia de Matías Lira en la escuela de teatro y que hace pensar en filmes como “Los soñadores”, de Bertolucci- adquiere un especial interés en el Chile de 2010, una sociedad de planetas aislados que rara vez se rozan, de clases que casi nunca dialogan, de castas que a menudo se descalifican a punta de prejuicios.

Esta es catarsis sexual, pero sobre todo es la expurgación del temor al otro, del miedo a conocer, tocar y desear al que no es como tú, al que está en tus antípodas, al desconocido que se halla fuera de la aceptación social o incluso de la ley.

Lira sigue a sus personajes de cerca, con una cámara atenta y con nervio, y los acompaña sin juzgarlos cuando se internan en las calles de Bellavista para infiltrarse en un grupo de putos, cuando rondan la cocaína (buenos aportes ahí de Eduardo Pacheco y el sin par Alejandro Trejo) o cuando bailan el caño en un club nocturno.

Más que definir a sus personajes como gay o bisexuales, “Drama” (calificada incomprensiblemente para Mayores de 18 años) acierta cuando opta por explorar ese estado de transición que ellos viven. Incluso el cineasta hace que uno de los protagonistas cite la frase “No soy maricón, soy joven”, de la obra “Río abajo”, de Ramón Griffero, en una apelación más orientada al furor de vivir intensamente que al asumir determinada condición sexual.

Matías Lira filma el erotismo con riesgo y captura el sexo y los cuerpos de manera gozosa y tormentosa, siempre visualmente atractiva (los actos sexuales inmóviles en plano fijo, el beso gay en el cerro con la ciudad de fondo).

La fotografía urbana de Miguel Joan Littin capta de manera notable estos ambientes y las calles y esquinas céntricas de la capital, donde transcurre mayormente la acción. También le da un tono lumínico muy logrado al montaje de “Romeo y Julieta” que actúan Fernanda Urrejola y Diego Muñoz, y que, puesto en el relato como un recuerdo de Mateo, lleva a la narración hacia el pasado en busca de claves emocionales.

No es esta, sin embargo, la decisión más feliz del guión de “Drama”. Se entiende que por la vía de revisar esta obra de Shakespeare, también Matías Lira quiere indagar en los conflictos de Mateo y en las heridas que dejó la dictadura en una generación. No obstante, ese pasado que se impone como una carga para la narración, que le hace perder frescura y libertad en momentos decisivos.

A fin de cuentas, “Drama”, primera película al cien por cien, es bastante más de lo que parece y algo menos de lo que sus propios méritos le permitían alcanzar.

 

Una respuesta to ““Drama”: La verdad en la catarsis”

  1. jose luis Says:

    tengo malas referencias de la pelicula, por la critica de antonio martinez, pero igual quiero verla, hay cosas que de malas resultan buenas, algo asi como los filmes de ed wood, es el caso de la nana, lejos el mejor filme bizarro despues de takilleitor.
    saludos.

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