Dennis Hopper: Un vaquero en Hamburgo


Por René Naranjo S.

Dennis Hopper, fallecido el sábado pasado de un cáncer cuando acababa de cumplir los 74 años de edad, se toma fotos con una cámara Polaroid acostado en una mesa de billar. Arriba de su rostro, brilla fluorescente un gran anuncio tridimensional de Ginger Ale. En una grabadora, registra las siguientes palabras: “No hay nada que temer salvo el miedo mismo”.

Es su interpretación, existencial y cool, de Tom Ripley, el personaje arribista, veladamente gay y de latente potencial asesino que creó Patricia Highsmith en su célebre saga de novelas de los años 50, y que llegaba a las salas de cine en 1977 bajo el título de “El amigo americano” (Der amerikanische freund”) y la dirección del emergente cineasta alemán Wim Wenders.

En esta película de contornos policiales, Dennis Hopper es “el amigo americano”, un personaje apátrida con sombrero vaquero y botas, que viaja entre Nueva York, París y Hamburgo para vender los cuadros que pinta el falsamente muerto pintor Derwatt (interpretado por ese director esencial que fue Nicholas Ray).

En el cine, Tom Ripley había sido encarnado por primera vez con glamour, sabor mediterráneo y un toque de perversidad por Alain Delon en la notable “A pleno sol” (1960), de René Clement. Muchos años más tarde, en 1999, sería Matt Damon quien iba a ponerse en la piel de este seductor ambiguo y amoral en la mucho más obvia “El talentoso señor Ripley”, de Anthony Minghella.

Wim Wenders, que recién acometía aquí su quinto largometraje, tenía dudas sobre cómo desarrollar ese lado de maldad y distancia emocional moral que distingue al personaje. Sabía que necesitaba a un actor especial, como él mismo dice, “capaz de llenar ese vacío de imaginación”.

Wenders había pensando inicialmente en darle el rol a John Cassavetes, pero fue éste mismo quien le sugirió el nombre de Dennis Hopper. Wenders y Hopper no se conocían, y se encontraron por primera vez en el tradicional y carísimo restaurante parisino Le Closerie des Lilas. De inmediato al director alemán le pareció evidente que Hopper era el actor que buscaba.“Supe que había encontrado al hombre que podía plasmar todos los matices de Ripley”, contó más tarde.

Para cuando el cineasta alemán contactó a Hopper, a principios de 1976, la carrera y la vida del actor y director norteamericano se hallaba en una encrucijada. Había dirigido y protagonizado el clásico contracultural “Busco mi destino” en 1969, con un éxito inesperado de público y crítica, e intentó repetir el éxito con su siguiente trabajo “La última película” (1971), bajo un conveniente contrato con la Universal, que le daba la oportunidad de hacer el filme que quisiera. Pero su delirante reflexión sobre el cine, que se expresaba a través de un grupo de indígenas peruanos que rueda una película con cámaras de madera para exorcizar los fantasmas de la ficción y la realidad, resultó demasiado extrema para el estudio, que le cerró las puertas de Hollywood.

A mediados de 1975, Dennis Hopper llevaba cuatro años sin dirigir cine, iba en su tercer matrimonio, consumía alcohol y cocaína sin freno y había sido detenido en Nuevo México por provocar un pequeño accidente de tránsito y haber escapado del lugar. Fue condenado a pagar 250 dólares y pasó 20 minutos preso.

En busca de nuevas perspectivas, se instaló en Francia, donde intentó realizar varios proyectos. En 1976, cuando Hopper sumaba más de dos años sin siquiera actuar en cine, Francis Ford Coppola le ofreció el rol del fotógrafo desquiciado en “Apocalipsis ahora”. Él aceptó a cambio de que le permitieran realizar una escena junto a Marlon Brando.

Así, a fines de noviembre de 1976, cuando empezó el rodaje de “El amigo americano”, Hopper se encontraba en Filipinas. Filmó con Coppola, y voló desde ese país asiático directo a Hamburgo. Al bajar del avión, aún vestía el traje de combate de su personaje en “Apocalipsis ahora”, llevaba las cámaras fotográficas al cuello y tenía el cuerpo lleno de llagas provocadas por el rodaje en la selva.

Apenas puso un pie en Alemania, la producción de “El amigo americano” le cortó el pelo, le dio un baño y lo llevó al especialista en enfermedades tropicales de la Universidad de Hamburgo.

Luego de su estreno en Cannes, la película fue valorada como la obra maestra que es e hizo internacional el nombre de Wim Wenders. Tuvo un enorme éxito en Francia, y el mismo Hopper recordaba años después que en ese final de los años 70 todos lo reconocían en la calle en París y le gritaban: “El amigo americano, el amigo americano”.

En el filme, Dennis Hopper –que cuando está sin sombrero de cowboy luce peinado con gel hacia atrás, con algunas canas en los parietales, una correcta chaqueta a cuadros y una camiseta- se ve siempre muy cercano, casi en una relación padre-hijo, a Nicholas Ray, el maestro del cine que lo había dirigido 22 años junto a James Dean en “Rebelde sin causa”. Las últimas imágenes de este filme notable les pertenecen a ellos dos: Hopper corre detrás del auto de Bruno Ganz en Hamburgo, y, corte, Nicholas Ray se da vuelta en Nueva York y camina por uno de los bordes de Manhattan en una imagen indeleble.

En la filmación, que se prolongó por seis semanas, Hopper improvisaba, jugaba con objetos que estaban en el set, inventaba frases y disfrutaba la libertad creativa que le dejaba Wenders, que escribía sus escenas el día anterior.

“Creo que lo más difícil es estar solo frente a la cámara” le decía Hopper a Wenders, y éste, para exigirlo, lo hizo actuar mucho tiempo solitario en una casona de aires góticos que miraba al río y donde debía acostarse en una cama con rojas sábanas de satín.“There is nothing to fear but fear itself” (No hay nada que temer salvo el miedo mismo).

Cuando la escritora Patricia Highsmith vio “El amigo americano”, aún sin terminar y justo antes del Festival de Cannes de 1977, lo primero que le molestó fue la caracterización de Dennis Hopper. “Ese no es Ripley”, espetó la autora de “El juego de Ripley”. Wenders se sintió decepcionado, porque sentía que Ripley era el personaje mejor logrado del filme.

Meses después, la Highsmith –que adoraba la interpretación que había creado Delon- vio la película nuevamente, en un cine de París. Luego le escribió una carta a Wenders para reconocer que su primera impresión sobre el personaje de Dennis Hopper estaba errada: “Sé que usted cambió a Ripley y no se parece a cómo lo imaginé, pero tiene la esencia de mi Ripley y retiro todo lo dicho”.

Claro, este Tom Ripley no se parecía ni al de la novela ni a nadie. Era una creación de Dennis Hopper.

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