Herzog alucina con la decadencia norteamericana


“Un policía corrupto”

Por René Naranjo S.

Quién iba a decir que, de la generación dorada del cine alemán de los años 70, el que iba terminar mejor su carrera sería el que más cerca del despeñadero físico y existencial  parecía estar? Porque muerto hace 28 años Fassbinder, eclipsado hace mucho Wenders y olvidado Schlondorff, es Werner Herzog quien lleva el solitario estandarte de la “Armada germana” que un buen día sacudió al cine mundial con sus propuestas radicales y una agudeza social que hizo historia.

Lo último que sabíamos de Herzog era que filmó un largometraje de ficción en la Patagonia (“Grito de piedra”, 1991), un total fracaso, y que realizó diversos documentales alrededor del mundo, algunos de ellos muy logrados. Entre estos está el dedicado al delirante músico barroco y asesino Carlo Gesualdo, y sobre todo dos películas producidas en Estados Unidos y que la crítica norteamericana celebró: “The Grizzly Man” (2005) y “Encuentros en el fin del mundo”, rodado en la Antártica.

Ahora, a los 67 años, instalado por largo tiempo en Estados Unidos, este cineasta conocido por su visión extrema de la condición humana y su choque con la naturaleza, disfruta de su mejor momento en dos décadas. Se diría que la mirada de Herzog, distanciada y existencial, encuentra la horma de su zapato al indagar en la sociedad estadounidense, que a menudo parece banalizada por el consumo y la soledad, y que, bajo este lente ajeno a las concesiones, renueva su interés y crepuscular poder de fascinación.

“Un policía corrupto” es la crónica de este encuentro entre Herzog y una mundo capitalista al borde del colapso. Por eso la acción se sitúa en Nueva Orléans justo después del huracán Katrina y por eso también la primera imagen del filme es una serpiente que navega amenazante por aguas repugnantes. Justamente, y como una metáfora de lo que vendrá, es a esas aguas de podredumbre que se sumerge el teniente de policía Terence MacDonagh (Nicolas Cage) para salvar la vida de un inmigrante que ha quedado atrapado en la cárcel.

Por esa acción meritoria, MacDonagh recibe una condecoración y un ascenso, en lo que señala el punto más alto desde el cual va a comenzar un auténtico descenso en caída libre. Aquejado de intensos dolores de espalda, el detective consume drogas por montones, legales e ilícitas, en un trance que lo mantiene en estado de alucinación las 24 horas y donde sólo tiene el refugio emocional que le da la sensual prostituta Frankie (Eva Mendes). Parapetado en su estatus de policía, MacDonagh no respeta leyes ni protocolos, y hostiga a una pareja sólo con el fin de quitarles un pito de marihuana y manosear de la chica.

Hasta ahí, algo hay aún de similar entre este “Policía corrupto” y la película original de Abel Ferrara, estrenada en 1992 y conocida en Chile como “Un maldito policía” (Bad Lieutenant). No obstante, los parecidos terminan en ese punto.

Era arriesgada la apuesta de Herzog. El filme de Ferrara es una obra feroz y estremecedora, rayana en la maestría. Nada de eso podía intimidar, sin embargo, al realizador de “Aguirre, la ira de Dios” y “Fitzcarraldo”. Siempre dejando claro que no vio el filme original, Herzog dirige aquí una película que no es una remake de la anterior, sino una versión libre sobre ciertos tópicos (la autodestrucción, el dolor, la providencia) que marcaban aquélla.

El tono en Herzog es, de todos modos, completamente distinto. De partida, es agnóstico, muy lejano a los conceptos católicos de redención que animaban a Ferrara y a su protagonista, Harvey Keitel. Luego, su visión de estos Estados Unidos decadentes e injustos hasta la médula, intrínsecamente podridos, se unen a una ironía constante, a ratos desconcertante.

Es así como el cineasta alemán introduce, por ejemplo, en un choque de autos, a un caimán herido sobre el asfalto (una de las grandes imágenes del filme), y en el momento de mayor asalto a las teorías comerciales sobre el guión de cine, pone a tres iguanas a copar la pantalla mientras se escucha una pegajosa canción, casi como si los reptiles estuvieran cantando.

En este relato marcado por la paradoja y las contradicciones humanas, el policía que interpreta Nicolas Cage, de andar encorvado y un humor a ratos insoportable, aparece como un ser a la deriva del destino y de fuerzas que no controla. No hace nada bien, no cumple con la más mínima misión que le piden (en esta caso, cuidar al joven testigo de un crimen) y no puede ayudar a nadie de su entorno, en un suerte de eterna tragicomedia.

MacDonagh es un caso perdido que para peor tiene un poder aberrante sobre los demás, y ninguna moral. Pero que, al mismo tiempo, existencialmente, es uno más de nosotros, humanos desconcertados ante un mundo y un destino sobre el que realmente apenas tenemos la posibilidad de influir.

Werner Herzog firma con “Un policía corrupto” una de sus mejores películas, y señala la vigencia de un cine que supera esquemas, fórmulas y estudios de mercado, uno con toques de documental donde la vida entra por todos lados. Es el cine libre que se forjó en los años 70 y que ahora lo tiene a él como casi exclusivo exponente.

Por eso, esta película insolente es uno de los más potentes estrenos de la temporada.

Una respuesta to “Herzog alucina con la decadencia norteamericana”

  1. Tweets that mention Herzog alucina con la decadencia norteamericana « Cinenautas -- Topsy.com Says:

    […] This post was mentioned on Twitter by Rodrigo Pinto, René Naranjo . René Naranjo said: @rodrigojpinto mi articulo sobre film de Herzog https://cinenautas.wordpress.com/2010/05/20/herzog-alucina-con-la-decadencia-norteamericana/ […]

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