Archive for the ‘Cristian Jimenez’ Category

Bonsai, Los Vengadores y La Dama de Hierro: Sutilezas, músculos y falsedades

abril 28, 2012

Por René Naranjo S.

Una colosal producción de Hollywood, un valioso filme chileno y una película ‘de calidad’ al estilo Harvey Weinstein. Este jueves 26, como pocas veces en Chile, se estrenan tres películas que representan las principales tendencias que concurren a nuestra cartelera. Las tres son, por cierto, muy disímiles.

Empecemos por la mejor: ‘Bonsái’, segundo largometraje del chileno Cristián Jiménez, adaptación de la novela de Alejandro Zambra y parte de la selección oficial de Cannes 2011.

Desde el primer minuto, cuando anuncia su desenlace, ‘Bonsái establece un juego inteligente y sensible entre narración, personajes y espectador que amplía los alcances de la novela y la instala sólidamente en la pantalla. Hay dos protagonistas, Julio (Diego Noguera) y Emilia (Nathalia Galgani), y dos escenarios, la cálida Valdivia de tiempos universitarios y el áspero Santiago de la presente adultez.

Con su cámara casi siempre quieta, Jiménez reconstruye el uterino mundo del estudiante como nunca antes lo hizo una película chilena, y lo liga a afectos, lecturas, paisaje y despertar sexual. Después, en la capital, ‘Bonsái’ enhebra la literatura y el desencanto e impone una dualidad seductora respecto sobre si la novela que escribe Julio es la misma historia a la que estamos asistiendo.

Y de su sensibilidad con las palabras y la música interior de los personajes, ‘Bonsái’ consigue emoción y fina lucidez.

En el extremo opuesto, ‘Los Vengadores’ es la gran producción que expone todo el músculo de entretenimiento que sabe producir Hollywood.

Con Iron Man, Hulk, Thor y varios más, la cinta reúne superhéroes para defender la Tierra de un ataque extraterrestre, y los sube a un continuo de acción y efectos especiales espectaculares. La película posee ambición en lo fílmico (hay momentos muy logrados y escenas de batalla notables), tiene humor, no descuida las actuaciones ni le hace el quite a la ideología en su discurso. El protagonismo lo lleva, cómo no, el formidable Robert Downey Jr, y Scarlett Johansson se luce en nueva faceta de reina de las artes marciales.

Esta es una de las más efectivas cintas del género, y su predecible éxito anuncia secuelas por años.

‘La Dama de Hierro’ esconde más de una trampa, como suelen hacerlo las películas en que Harvey Weinstein mete mano (‘El discurso del rey’, ‘El artista’). Presenta a Margaret Thatcher octogenaria, acompañado sólo por el fantasma de su marido y, desde ese ángulo sentimentalón, recorre los momentos decisivos de su vida; así enternece lo que fue una convulsionada realidad en el Reino Unido, que influyó mucho en el devenir de la Europa de los 70 y 80 hasta la actualidad.

Todo es aquí superficial (la lucha de Thatcher contra los sindicatos, su rechazo al diálogo con el IRA pese a la muerte de Bobby Sands y otros activistas, la guerra por las Malvinas) de modo que uno, al final de la cinta, a lo más puede pensar que esta mujer clave en la instalación de las políticas neoliberales en Europa era, bueno, algo testaruda.

Sin contexto ético ni sustancia política (tampoco se alude a la amistad de Thatcher y Pinochet), ‘La Dama de Hierro’ quiere pasar gato por libre: que la tomen por ‘cine-arte’ cuando lo que más importa es el peinado, el maquillaje y el nuevo Oscar de Meryl Streep.

Bonsái

Dir: Cristián Jiménez

Con: Diego Noguera, Nathalia Galgani

Chile, 2011

Los Vengadores (The Avengers)

Dir: Joss Whedon

Con: Robert Downey Jr, Samuel L. Jackson

EE. UU, 2012

La Dama de Hierro (The Iron Lady)

Dir: Phyllida Lloyd

Con: Meryl Streep, Jim Broadbent.

UK, EE. UU, 2011

“Ilusiones ópticas”, de Cristián Jiménez: El debut de un verdadero cineasta

abril 14, 2011

Por René Naranjo S.

IMG_5027.JPG

Si hubiera que definir el cine, habría que decir que este es, básicamente, el ejercicio de una mirada que redescubre el mundo y sus misterios de una manera original, y los revela ante el espectador.

El director valdiviano Cristián Jiménez tiene este concepto más claro que el agua que corre por el río Calle Calle. Tan nítida es su conciencia sobre el rol de la mirada a la hora de construir un filme, que desde el título de su primer largometraje, “Ilusiones ópticas”, hasta la escena final de ella, 105 minutos después, todo apunta en ese sentido.

El plano inicial de la película corresponde, justamente, a la visión borrosa y gris que tiene sobre la realidad Juan (Iván Alvarez de Araya), un hombre que quedó ciego a los dos años y que recupera parcialmente la vista a los 33. El “milagro” tiene lugar gracias a la red de clínicas Vida Sur, entidad inescrupulosa que ahora quiere sacar todo el partido posible de ese logro a medias, y para la que también trabajan Gonzalo (Alvaro Rudolphy, bien en el papel), el desencantado David (Gregory Cohen, recuperado en todo su talento) y Manuela, la secretaria sin suerte con los hombres que quiere aumentarse el busto (la sólida Paola Lattus).

Son sus miradas, más la del guardia de mall Rafael Gajardo (el cada vez más consolidado Eduardo Paxeco), las que guían al espectador por esta Valdivia del siglo XXI donde todo pasa por debajo de las apariencias, en tono neutro, al ritmo de una leve progresión dramática que está en secreta concordancia con los días nublados, las tardes húmedas y las noches de soledad.

Apoyado en un guión preciso y no desprovisto de un humor sutilmente corrosivo, Cristián Jiménez elabora una puesta en escena irónica e inteligente, que integra paisaje, locaciones y estados de ánimo para dar cuenta de vidas más bien apagadas, profundamente chilenas, en las que no abundan las euforias pero sí un asumido pesimismo. Sin embargo, con esos personajes de sueños castrados e ilusiones perdidas, que disfrutan poco y nada de la vida, el director construye un universo propio, donde no faltan los momentos poéticos.

Como sus maestros inspiradores, el finlandés Aki Kaurismaki y el francés Jacques Tati, Jiménez sabe manejar el absurdo y la paradoja, los encuadres y el diálogo poco expresivo pero lleno de significado. Con esas armas entrega escenas sensacionalmente contradictorias y tragicómicas, en las que la emoción surge de lo austero, como la grabación del comercial en la nieve; la vigilancia de las cámaras que hace Gajardo en el mall; el hombre que muere a causa de la comida chatarra; las dos fiestas en Vida Sur; los encuentros entre el ateo David y su hijo (ferviente judío) y entre el mismo David y Manuela en el baño. O ese momento conmovedor en que Juan juega a tientas a la pelota con el hijo de Gonzalo.

Como todo director que maneja bien sus recursos, Cristián Jiménez define plano a plano un marco moral que transmite su idea del mundo. Así, sin adjetivos ni discursos, nos damos cuenta que este joven autor no cree en las soluciones urgentes, en los cambios cosméticos ni en los arrebatos pasionales.

Cuando los personajes toman ese camino, les va inevitablemente mal. Cuando, por el contrario, prefieren irse despacito por las piedras, sin forzar las situaciones, siguiendo su instinto y dejando que todo fluya, la cosa cambia, y afloran el amor, la libertad, el entendimiento.

Realizada con calculada economía de recursos, “Ilusiones ópticas” constituye un potente retrato del Chile criado con el bienestar económico capitalista y la indiferencia hacia el prójimo. Es, asimismo, la mejor opera prima chilena de 2009 y el feliz debut de un verdadero cineasta.

(Este artículo fue publicado en The Clinic, en noviembre de 2009)


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 153.081 seguidores