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“La red social”: Ya no quiero estar en Facebook

noviembre 3, 2010

Por René Naranjo S.

Cualquier persona más o menos informada sabe que el estadounidense Mark Zuckerberg, hoy de apenas 26 años de edad (nació el 14 de mayo de 1984), está clasificado como “el multimillonario más joven del mundo” gracias a su sensacional invención de Facebook entre 2003 y 2004.

Si alguien ha leído además un poco sobre la forma en que evolucionó esta red social que hoy agrupa a más de 500 millones de personas de todo el mundo, tiene claro que el hombre ha enfrentado al menos dos grandes juicios durante estos años, y que en ellos se ha enfrentado, por momentos sin afecto alguno, a quienes le ayudaron a llevar a cabo su prodigiosa idea.

Esto es, a nivel masivo y a grandes rasgos, lo que se conoce del personaje. Y así, aparentemente, esta historia de computadores y litigios no tiene más calor que el de una pantalla LCD en una oficina con aire acondicionado.

Por eso, lo primero que sorprende de “La red social” (The Social Network), es el partido y la pasión intensa que la película le saca a esta historia.

Bajo la dirección de un David Fincher que a los 48 años ya luce insignia de maestro, con el apoyo firme que le da el bien aceitado guión de Aaron Sorkin (guionista de la serie “El ala oeste”), las sólidas actuaciones y la vanguardista banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, la película construye, en dos horas vertiginosas, muchísimo más que la narración sobre cómo se formó Facebook.

Aquí hay, primero, un gran relato sobre seres humanos, jóvenes ansiosos y ambiciosos; después, una mirada incisiva a la forma en que un orden social tradicional se quiebra ante la irrupción de un genio de las nuevas tecnologías; y luego, el despiadado retrato de la forma en que opera el capitalismo del siglo XXI.

Todo el filme está concebido en torno a la figura de Zuckerberg, por entonces un imberbe y retraído estudiante de Harvard (interpretado por Jesse Eisenberg). Pero “La red social” tiene la inteligente opción de no hacerlo hablar mucho a él, sino a los que lo rodean. Esto tiene una raíz muy concreta (Zuckerberg no autorizó la película y es poco lo que deja saber de su vida),  la que es aprovechada por Fincher y Sorkin de la mejor forma posible.

De este modo, el argumento es contado por quienes lo conocieron en esos años y más tarde lo llevaron a juicio: su fiel amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield), quien aportó los mil dólares iniciales del proyecto, y los empingorotados gemelos Winklevoss, quienes reclamaron que “Zuck” les robó el concepto de la red social.

Concebida como una espiral de visiones refractadas a lo “Rashomon”, el filme crea un suspenso moral, cuya tensión está en ver hasta qué punto y por qué Zuck se aparta de sus socios y cómo esta pequeña idea de red virtual que comienza por puro despecho termina por convertirse en el negocio de la década.

Al mismo tiempo, Fincher se cuida de guardar siempre el misterio sobre lo que siente y piensa el protagonista. Es como si su Zuckerberg fuera un envase vacío, que se llena lentamente a punta de exprimir complicadas relaciones con los demás: su amistad intensa con Eduardo, su desprecio hacia las grandes empresas y toda institución formal, la ausencia de familia y la incapacidad de expresar afecto, su admiración, en fin, por el creador de Napster, Sean Parker, ángel caído de la explosión web, que Justin Timberlake encarna en gran forma.

En un trabajo sensacional de dirección, David Fincher va quebrando sutilmente la aparente calma de cada escena para introducir, a través de mínimos detalles (una puerta entreabierta, una oficina toda de vidrio, una secretaria que mira desde el borde la escena), la inquietud de un tiempo que cambia, de una clase social dominante que se resquebraja, de una sociedad donde personas convertidas en tiburones se despedazan al amparo de una retorcida y despiadada legalidad.

Es esa mirada ambigua, desolada e irónica sobre el estado del mundo contemporáneo y del ser humano que éste cobija la que, junto a su firme construcción dramática, convierte a “La red social” en una gran película.

Para muestra, nada mejor que decir que lo primero que lo que uno piensa al salir del cine es en ir a cerrar de inmediato su cuenta de Facebook.

 

 

 


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